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miércoles, 8 de julio de 2015

Cali-1971: Cuba a lo grande

Por Lemay Padrón Oliveros 

Hasta esta edición de los Juegos Panamericanos, Cuba había sido uno más en el concierto continental, pero a partir de Cali, la mayor de las Antillas quedó siempre en el segundo puesto, a excepción de La Habana-1991, cuando asaltó el primero. 
De apenas siete medallas de oro conquistadas en Winnipeg-1967 pasó en Cali a 31, de las 16 de plata a 49, y de las 24 de bronce a 25. El total de 47 subió a 105, y si en tierra canadiense fueron producto de cinco deportes, en esta ocasión surgieron de 10.
La hazaña más encumbrada la consiguió el saltador de triple Pedro Pérez Dueñas. Con solamente 19 años, y una constitución física más bien endeble e impropia para esa modalidad, no se pensó que podría superar al brasileño Nelson Prudencio, subcampeón olímpico en México-1968, donde durante minutos tuvo la marca mundial en su poder.
Sin embargo, el caribeño sorprendió a todos con un espectacular salto de 17 metros y 40 centímetros, que dejó con la boca abierta a todos.
El registro tenía un centímetro más que el vigente récord mundial del soviético Víctor Saneev, y rápidamente lo convirtió en una estrella mundial.
Desgraciadamente, nunca más pudo acercarse a esa cota, y al año siguiente la suerte no lo acompañó en la cita estival de Munich-1972, pues se lesionó en la clasificación y miró desde la tribuna como Saneev recuperaba el primado.
Mejor estuvo en Montreal-1976, con un cuarto lugar, pero Pérez Dueñas nunca volvió a rozar la perfección como aquella noche en Cali.
Uno de los puntales de la delegación cubana fue el gimnasta Jorge Rodríguez, quien aportó cuatro primeros puestos de los cinco obtenidos por su país. Rodríguez se coronó como máximo acumulador, en caballo con arzones, barra fija y por equipos.
Buena contribución hicieron las pesas, con siete máximos pergaminos, con destaque para Rolando Chang, quien dominó los tres movimientos tradicionales en la división de 56 kilogramos.
El atletismo tuvo otros destacados como el jamaiquino Donald Quarrie y el estadounidense Frank Shoeter.
Quarrie, oro olímpico en 200 y plata en 100 metros planos en Montreal-1976 y bronce en 100 en Moscú-1980, deslumbró en l00 y 200, está última prueba con excelente crono de 19.86 segundos, para igualar el récord planetario. Además, guió al cetro a la posta 4x100 de su país, su tercer oro en la cita de 1971.
Por su parte, Shoeter se impuso en los 10 mil y la maratón, prueba en la que ganó el oro estival en Munich.
Las cubanas Carmen Romero y Tomasa Núñez ganaron en disco y jabalina, respectivamente, los primeros cetros para su país en estas especialidades, en las cuales fueron con posterioridad grandes dominadoras.
En disco, desde Cali-1971 hasta Guadalajara-2011, Cuba perdió el oro solamente en 1999 y 2003, y en jabalina únicamente no fue cubana la ocupante del puesto central del podio en 1975 y 2003.
En definitiva, Estados Unidos triunfó en 25 de las 37 modalidades, y solamente Canadá (5), Jamaica (4) y Cuba (3) lograron arrebatarle títulos.
La plaza de toros de Cañaveralejo fue la sede del boxeo, donde el venezolano Francisco "Morochito" Rodríguez (51 kilogramos) reafirmó el oro panamericano de Sao Paulo-1963 y el olímpico de México-1968.
No obstante, los grandes dominadores fueron los cubanos, que festejaron en sus cuatro finales, con los triunfos de Enrique Regüeiferos (63), Rolando Garbey (71), Emilio Correa (67) y Rafael Carbonell (48).
Con bronce finalizó quien luego fuera el mejor boxeador amateur de todos los tiempos, Teófilo Stevenson, superado en semifinales por el estadounidense Duane Bobick, de quien luego se tomaría justa venganza en Munich, en la primera de sus tres coronaciones olímpicas.
Colombia tuvo su gran ídolo en el antioqueño Martín Emilio Rodríguez, conocido como Cochise, quien cubrió de gloria al ciclismo latinoamericano al convertirse en recordista mundial de la hora y campeón mundial de persecución individual.
En el velódromo de la Unidad Deportiva Alfredo Galindo tuvo prácticamente su despedida del amateurismo, porque poco después lo declararon profesional y le impidieron competir en Munich-1972.
No obstante, en Cali dejó profunda huella al imponerse en persecución individual y por equipos.
Los escenarios acuáticos continentales vivieron en Cali la despedida de uno de sus símbolos, el remero argentino Alberto Demiddi, quien subió dos veces a lo alto del podio.
A sus 27 años, Demiddi ya era campeón del mundo, vencedor en las regatas de Henley, cuatro veces campeón sudamericano, ganador en Winnipeg-1967 y el bronce olímpico de México-1968.
En el single scull apabulló completamente al estadounidense Bill Tytus, quien llegó 22 segundos detrás suyo, en un exhibición de técnica y fuerza.
También lideró el cuádruple par de Argentina, y al año siguiente finalizó segundo en la prueba individual en Munich y se retiró.
La natación volvió a mostrar amplio dominio de Estados Unidos, quebrado por el ecuatoriano Jorge Delgado, quien sorprendió al imponerse en 200 mariposa. Cuatro años después ganó los 200 libre, las únicas preseas que posee Ecuador en la natación panamericana.
Guatemala festejó en Cali su primer oro panamericano, gracias al tirador Víctor Castellanos, ganador en la pistola de tiro rápido. Tendrían que esperar hasta Mar del Plata-1995 para volver a saborear el metal áureo en este deporte.
En los deportes colectivos, Cuba comenzó su serie de triunfos en el voleibol de ambos sexos y recuperó el cetro de béisbol, Brasil hizo doblete en básquetbol y Argentina ganó el fútbol y repitió en hockey sobre césped masculino.
El aniversario 20 de los Juegos se celebró con récord de asistencia, con dos mil 996 atletas de 31 países, y la sola ausencia de Honduras, en una justa que no contó con el tenis pero vio el debut del judo.
Al final los organizadores se llevaron casi todos los méritos, porque la justa organizada entre el 31 de julio y el 13 de agosto de 1971 cumplió con todas las expectativas tanto por los preparativos como las instalaciones, el esfuerzo de los atletas y la calidez humana de los caleños.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Ana Lallande, máxima medallista de los Juegos Centrocaribes


Por Lemay Padrón Oliveros

Con 17 medallas en Juegos Centroamericanos y del Caribe (10 de oro, tres de plata y cuatro de bronce), la nadadora puertorriqueña Anita Lallande es la máxima medallista histórica en este tipo de lides.
   Tenía apenas 13 años cuando Lallande hizo su debut en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Kingston-1962, y ganó en Jamaica tres preseas de plata y dos de bronce.
   Un cuatrienio después fue su país el organizador, y en casa la chica de 17 abriles ocupó el centro del podio en ocho eventos individuales y dos relevos ganadores.
   Ante su público ganó los 100, 200, 400 y 800 metros estilo libre, los 100 y 200 espalda, los 100 y 200 mariposa y los relevos 4x100 libre y combinado, además de ser tercera en 200 y 400 combinado.
   Su gran actuación fue vital para que Puerto Rico ganara 13 de las 14 medallas de oro disputadas, un dominio nunca antes visto en la natación de los Juegos Centrocaribes.
   Lallande pudo haber aumentado más su cosecha y ser de hecho la reina de los Juegos, denominación que le disputa la tiradora cubana Tania Pérez, con menos preseas, aunque con un título más, pero la nacida en San Juan no volvió a las citas regionales.
   En su lugar, la ondina boricua compitió en los Juegos Panamericanos de Sao Paulo-1963 y Winnipeg-1967, y en los Juegos Olímpicos de Tokio-1964.
   No logró acceder a las finales de sus especialidades en la justa bajo los cinco aros, pero en Panamericanos sí hizo historia, pues junto a Ana Marcial, Melanie Laporte y Kristina Moir alcanzó la primera presea para mujeres puertorriqueñas.
   Ellas ganaron los metales bronceados en el relevo de 4x100 metros libre de esa cita continental, con tiempo de cuatro minutos, 26 segundos y 56 centésimas, solamente por detrás de las dos potencias, Estados Unidos y Canadá.
   Pese a participar solamente en dos Juegos Centroamericanos y del Caribe, Ann Lallande dejó una huella indeleble en la historia de estos certámenes cuatrienales.

domingo, 20 de mayo de 2012

Francisco Rodríguez, la gloria vinotinto


Por Lemay Padrón Oliveros

Pregunten a cualquier venezolano por su historia olímpica y se encontrarán con el nombre de Francisco "Morochito" Rodríguez, humilde boxeador nacido en Cumaná.
   Morochito, segundo de 14 hermanos, siempre supo lo que era luchar: tuvo que vender pescado desde muy pequeño para ayudar a su familia a subsistir.
   Cinco años más joven que Carlos "Morocho" Hernández, uno de los boxeadores profesionales más ilustres de su país, a Francisco se le pegó el diminutivo como apodo, también atendiendo a su físico.
   Analfabeto hasta la adolescencia, el pugilista ganó fama como peleador amateur: en 1967 ganó el oro en la división de 48 kilogramos durante los Juegos Panamericanos de Winnipeg-algo que repetiría cuatro años más tarde en Cali- y llegó a acumular un récord de 266 victorias y apenas cuatro derrotas en su carrera.
   Pero fue en 1968 cuando con 23 años dejó su marca indeleble para el resto del mundo. Tras eliminar al estadounidense Harlan Marbley, derrotó al surcoreano Yong-Ju Jee en la final de la categoría minimosca y ganó la única medalla dorada de Venezuela en toda la historia, no sin antes esforzarse para hacer el peso, pues estuvo pasado horas antes del combate crucial.
   El púgil suramericano debió reponerse también a la fractura de su pulgar en ese tope por el oro contra Jee, en el último asalto, precisamente el más importante porque los dos anteriores habían sido parejos, pero la felicidad por el logro alcanzado finalmente por votación dividida 3-2 hizo olvidar todo lo demás.
   Tras ese logro firmó un contrato profesional, como es costumbre en esa disciplina, y más aún para alguien de origen humilde, pero antes fue a ver una pelea con su madre, Olga Margarita Rodríguez, pues nunca utilizó el apellido Brito del padre.
   En medio del combate uno de los contendientes recibió un golpe y unas gotas de sangre cayeron sobre el regazo de Olga, quien le pidió a su hijo cancelar el contrato, por lo cual Morochito siguió en las filas del amateurismo y nunca se convirtió en boxeador profesional.
   Años después el cumanense fue exaltado merecidamente al Salón de la Fama del Deporte Venezolano y ha recibido numerosos homenajes, dentro y fuera de su país, donde en su honor se celebran desde 2009 los Juegos Nacionales de las Glorias Deportivas, Copa Francisco “Morochito” Rodríguez.

sábado, 30 de julio de 2011

Llegó la hora para Winnipeg

Por Lemay Padrón Oliveros

Tres intentos debió hacer la ciudad canadiense de Winnipeg para albergar unos Juegos Panamericanos. Primero fue para la cita de 1959, que no pudo obtener por delante de Chicago, reemplazante de última hora por Cleveland, y luego perdió frente a Sao Paulo la sede para 1963.
No obstante, la capital de la provincia canadiense de Manitoba finalmente se llevó el gato al agua para la cita continental de 1967, y más de 30 años después volvería a organizarla en 1999, pero esa es otra historia.
Del 23 de julio al 6 de agosto de 1967 se reunieron en Winnipeg dos mil 418 atletas de 29 países, los cuales compitieron en 21 deportes, entre ellos el debut del judo y el hockey sobre césped masculino, además de que la natación creció en más de 10 modalidades.
Entre las principales novedades de estos V Juegos estuvo la pista de atletismo, construida de un material sintético, denominado Tartán, toda una novedad para la época.
Además, las pruebas atléticas y de natación contaron con cronometraje electrónico en centésimas, incluido el todavía utilizado foto finish.
La cita se distinguió también por la participación de las mujeres en los papeles de árbitros y funcionarias, además de la cifra de unos nueve mil voluntarios, la más elevada hasta ese momento, mientras que como países debutaron Belice y Bolivia.
El medallero general ratificó a Estados Unidos como la principal potencia del continente, al conquistar 128 títulos, 69 subtítulos y 47 terceros puestos, seguido por Canadá (17-39-50), Brasil (11-10-5), Argentina (8-14-12), México (7-16-25) y Cuba (7-16-24).
La Perla del Caribe debería esperar otros cuatro años para convertirse en la segunda potencia de la región.

PILAR ROLDÁN, MARK SPITZ, Y COMPAÑÍA

Primera medallista olímpica latinoamericana.
Entre las estrellas de los Juegos estuvo la esgrimista mexicana Pilar Roldán, quien ganó el florete cómodamente, como antesala de lo que sería su plata olímpica en México-1968, primera para una mujer de su país y de América Latina en citas bajo los cinco aros.
Roldán llegaba con el aval de haber ganado su especialidad en Chicago-1959, y varias lides importantes en los circuitos de Europa, además de poseer la experiencia de participar en las Olimpiadas de Melbourne-1956 y Roma-1960.
Esta esgrimista de padres tenistas ganó el certamen continental canadiense con cuatro triunfos y una derrota, y se mantuvo activa casi hasta los 50 años, pues en 1988 se impuso en torneos regionales en su país natal y en Brasil.
No obstante, el máximo ganador de los Juegos fue el nadador estadounidense Mark Spitz, al llevarse cinco preseas doradas. Spitz, quien hasta Beijing-2008 poseyó el récord de más títulos conseguidos en unos Juegos Olímpicos, dominó aquí las pruebas de 100 y 200 metros mariposa, ambas con récord mundial, junto a las postas 4x100 libre; 4x200 libre, y 4x100 combinado.
Tenía solamente 17 años y se llenó de ínfulas, por lo que predijo que ganaría seis oros estivales en México-1968, cuando solamente ganó dos, pero en Munich-1972 sí rompió todos los pronósticos al conquistar siete primeros puestos, todos con plusmarcas planetarias.
Entre las damas otra norteña de 17 abriles fue la máxima ganadora, Claudia Kolb, quien dominó las especialidades de 200 mariposa, 200 y 400 combinado y la posta 4x100 combinada, con récords mundiales en las tres últimas pruebas.
En total, en las piscinas se impusieron 14 registros del orbe y 28 panamericanos (15 masculinos y 13 femeninos), y Estados Unidos se agenció 24 de las 29 modalidades entre los dos sexos.
El pechista brasileño José Silvio Filho rompió el predominio norteño al dominar los 100 y 200 de su modalidad, y los restantes tronos quedaron en poder de la nación sede.
Sobre las pistas se destacó el velocista estadounidense Lee Evans, quien igualó la cota planetaria en 400 metros (44.9 segundos), que rompió al año siguiente en México-1968 (43.86), marca vigente por cerca de 20 años. En Winnipeg compitieron varios de los norteamericanos estrellas estivales del año siguiente: Wyomia Tyus, John Carlos, Earol McCulloug y Willie Davenport, entre otros, además del sorprendente Bob Beamon, quien una vez más fue superado por el más técnico Ralph Boston.
Cuba fue el único país latinoamericano capaz de ganar oro en este deporte, gracias a la balista Irene Martínez y la posta 4x100 femenina, integrada por Miguelina Cobián, Marcia Garbey, Violeta Quesada y Cristina Echavarría.
La mayor de las Antillas comenzó aquí también su predominio en el boxeo, al imponerse en tres de las 10 finales, de las cuales siete quedaron en púgiles de Latinoamérica y el Caribe.
Enrique Regüeiferos (60 kilogramos), Andrés Molina (67) y Rolando Garbey (71) pusieron los oros de Cuba, Miguel García (57) y Jorge Víctor Ahumada (75) triunfaron por Argentina, Francisco "Morochito" Rodríguez (51) por Venezuela, y Juvencio Martínez (57) por México.
El velódromo tuvo una estrella naciente en el venezolano Martín Emilio "Cochise" Rodríguez, ganador de los cuatro mil metros persecución individual, especialidad que lo convertiría en campeón y recordman mundial, además de titular olímpico.
Por su parte, el tenis dejó al brasileño Thomas Koch como máximo ganador, al imponerse en singles y en el doble masculino, y su país brilló también en las competiciones de vela.
En tanto, el levantamiento de pesas siguió en poder de la nación de las barras y las estrellas, cuya barrida fue evitada por el puertorriqueño Fernando Báez (56 kg) y el cubano Pastor Rodríguez (67).
Asimismo, la pista de remo puso en la palestra pública al futuro medallista olímpico argentino Alberto Demiddi, quien obtuvo el oro con el bote un par de remos cortos, como presagio de sus dos coronaciones cuatro años más tarde en Cali-1971, cuando también estuvo en el ocho con timonel.
Argentina ganó en el debut del hockey, con una histórica final ante Trinidad y Tobago, que nunca más ha regresado al podio.
En los otras modalidades colectivas, México se llevó el fútbol, Brasil el baloncesto femenino y Estados Unidos las restantes, incluyendo el béisbol en un play off final ante Cuba, que había dominado la fase clasificatoria.
Argentina encabezó el ciclismo, y los estadounidenses primaron en esgrima, judo, pesas, gimnasia, remo, tiro, tenis, clavados y lucha, estos dos últimos deportes sin ceder coronas.

sábado, 11 de junio de 2011

Garbey, primer tricampeón panamericano de boxeo

Por Lemay Padrón Oliveros


En una época donde sobraban buenos pugilistas en el mundo aficionado, el cubano Rolando Garbey sentó cátedra con su boxeo elegante, que lo convirtió en el primer tricampeón panamericano de la historia.
Nacido el 19 de noviembre de 1947 en Santiago de Cuba, provincia del oriente cubano, Garbey comenzó en el boxeo elite sobre 1965, cuando ocupó la segunda plaza en el Campeonato Nacional Playa Girón, derrotado por Andrés Molina.
No obstante, los técnicos le vieron todo el potencial que atesoraba y lo incluyeron desde entonces en la preselección nacional, con la cual participó en sus primeros Juegos Panamericanos, los de Winnipeg-1967.
Allí derrotó en sucesión al colombiano Juan Córdoba (RSC en el primero) y al mexicano Agustín Zaragoza (5-0), y en la final doblegó por nocaut en el segundo asalto al argentino Víctor Galíndez, quien posteriormente fue campeón mundial en el boxeo rentado.
Con el suyo, en la categoría de 71 kilogramos donde siempre compitió, Cuba sumó tres títulos en esa cita, más tres platas y un bronce, y por primera vez dominó el boxeo en ese tipo de lides, preponderancia que mantiene hasta la actualidad.
Volviendo a Garbey, sus 1.78 metros de estatura, su estilo erguido y de excelente esquiva y su ágil movimiento de piernas lo hicieron desde entonces un icono del pugilismo amateur.
Defendió con éxito su oro panamericano en Cali-1971, donde también paseó la distancia ante el puertorriqueño José Colón y el chileno Luis González, y en la pelea por la medalla de oro dispuso del mexicano Emeterio Villanueva.
Su último cetro en Juegos Panamericanos fue en México-1975, donde superó en semifinales por tercera vez en su carrera al venezolano Alfredo Lemus, actual entrenador principal de la escuadra suramericana.
Tanto a Lemus como a Villanueva los había eliminado también en el Mundial del año anterior.
En justa mexicana había dominado previamente al peruano Luis Lamadrid, y por la medalla de oro venció al canadiense Michel Prevost, para convertirse en el primer tricampeón panamericano de boxeo.
Posteriormente otros compatriotas se le sumaron con idéntico balance, como Orestes Solano, Julio González y Félix Savón, quienes completaron su tercer título dos décadas después.
Solano prevaleció en las citas de Caracas-1983, Indianápolis-1987 y La Habana-1991, en 71 kilos las dos primeras y en 81 la última, y González y Savón reinaron en Indianápolis-1987, La Habana-1991 y Mar del Plata-1995 en las divisiones de 60 y 91 kilos, respectivamente.

PIONERO TAMBIÉN EN JUEGOS OLÍMPICOS

Pero si en Panamericanos Garbey tuvo una primicia, otro tanto tuvo en Juegos Olímpicos, pues fue el primer medallista del boxeo cubano bajo los cinco aros, honor compartido con Enrique Regüeiferos, pues ambos aseguraron su pase a semifinales en la misma fecha.
Para el púgil santiaguero la plata conseguida en México-1968 es su principal resultado, porque lo convirtió en el primer medallista olímpico y además la logró sin llevar un pronóstico, cuando tenía apenas 20 años.
En la Arena Olímpica de la capital mexicana solamente cedió en la final ante el soviético Boris Lagutin, campeón de Tokío-1964 y bronce en Roma-1960, quien le sacaba muchísima experiencia de ventaja.
Cuatro años más tarde cayó en cuartos de final frente al polaco Wieslaw Rudkowski, pero alcanzó bronce en Montreal-1976 , ya a punto de colgar los guantes, tras caer ante el yugoslavo Tadija Kacar, luego de ganar antes del límite sus tres anteriores choques.
Su palmarés incluyó también el título del orbe de los 71 kilogramos en el primer Campeonato Mundial, el de La Habana-1974, y los de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Panamá-1970 y Santo Domingo-1974.
Tras su retiro a finales de la década de los años 70, el también tres veces campeón nacional de Cuba se convirtió en entrenador, y actualmente es miembro del colectivo técnico de la principal escuadra antillana, donde trasmite su sapiencia entre las 12 cuerdas.

viernes, 27 de mayo de 2011

Al Oerter prestigió la cita de Chicago-1959

Por Lemay Padrón Oliveros

Siempre que se hable de los mejores competidores en la historia de los Juegos Panamericanos se deberá mencionar a Al Oerter, considerado el mejor discóbolo de la historia, quien dominó su especialidad en la cita de Chicago-1959.
A pesar de llegar al torneo continental con la aureola de ser el vigente campeón olímpico, muchos pensaron que Oerter solamente había tenido un golpe de suerte en Melbourne-1956.
No obstante, el gigantón de 1.92 metros de estatura y 130 kilogramos de peso no ofreció margen a dudas y triunfó con 58.71 metros, mucho mejor al 56.36 que le había dado la victoria estival tres años atrás, cuando apenas tenía 20 años de edad.
Su dominio fue tal que superó al segundo clasificado por casi cuatro metros, pues su compatriota Richard Cochran no rebasó los 54.44, y el también norteño Parry O´Brien, plateado en México-1955, completó el podio con registro de 51.84.
En esos momentos muy pocos lo sabían, pero acababan de presenciar el efímero, pero contundente paso de una de las mayores estrellas asistentes a Juegos Panamericanos, ese que dominó el escenario olímpico durante 12 años desafiando rivales y, sobre todo, la edad.

EL MEJOR DISCÓBOLO DE LA HISTORIA


Alfred Adolf Oerter Jr. clasifica como el mejor lanzador de disco de la historia, gracias a la conquista de cuatro títulos olímpicos consecutivos en su especialidad, algo solamente igualado Carl Lewis, campeón del salto largo desde Los Ángeles-1984 hasta Atlanta-1996.
Sin embargo, el fornido discóbolo neoyorquino tiene la ventaja de haber logrado además marcas estivales en las cuatro oportunidades, además de que implantó tres registros mundiales en su especialidad.
Nunca llegó a las citas bajo los cinco aros como favorito, pero a la hora de la verdad logró siempre sacar el extra de los campeones.
En Melbourne-1956 su compatriota Fortune Gordien contaba con el favoritismo precompetencia, gracias a su primado del orbe, mas Oerter lanzó como nunca antes y no sólo se llevó el cetro, sino que consiguió los tres mejores envíos de la lid, con 56.36 metros como cifra ganadora.
En Roma-1960, tras superar un accidente automovilístico que estuvo a punto de dejarle paralítico, los consejos de su coequipero Richard Babka le llevaron al oro, luego que éste le corrigió algunas fallas en los movimientos.
Haz el movimiento más lento, le dijo su colega, quien lo veía frustrado intentando forzar los envíos al verse con varios metros de desventaja y fuera del podio.
Resultado: 59.18 para Oerter y 58.02 para Babka, quien finalizó segundo también en los Panamericanos de Winnipeg-1967.
En Tokío-1964 superó hasta el límite la barrera del dolor, pues poco antes de los Juegos resbaló al salir del tanque de lanzamientos y se fracturó una costilla, por lo que los médicos le aconsejaron no lanzar un disco en varios meses.
Cada vez que mi pecho se expandía para respirar, sentía como si alguien clavara un cuchillo en mis costillas, pero yo mismo no me iba a negar la posibilidad de revalidar mi título olímpico, recordó poco tiempo después.
Se le suministraron cajas de cápsulas de amoníaco para tratar de aminorar el dolor. Cuando usted pone algo como eso bajo su nariz, supera cualquier tipo de dolor, rememoró jocosamente.
Con ese mismo buen humor llegó a afirmar en una ocasión que para llamar la atención del público hacia el lanzamiento del disco lo único que faltaba a los competidores era lanzarse el implemento entre ellos.
Volviendo a Tokío-1964, el checoslovaco Luduvic Danek, dueño en esos momentos del récord mundial, partía con aureola ganadora, pero Oerter lanzó 61.10, por 60.52 el europeo.
Finalmente, a México-1968 viajó sin perspectivas de éxito, pues todos los rivales lo habían superado en los últimos tiempos y ya tenía 32 años, demasiados para el alto rendimiento según los cánones de la época.
Una vez más debía superar al recordista del orbe, en este momento su colega Jack Silvestre, pero a pesar de haber clasificado apenas tercero en los trials de su país y de competir con una minerva, Oerter consiguió 64.78 metros, por 63.50 Silvestre, quien quedó fuera del podio.
Entre sus postreros momentos de gloria, el neoyorquino atesoró el orgullo de haber llevado la antorcha olímpica en uno de los últimos relevos durante la cita de Atlanta-1996.
Oerter falleció el de 1 octubre de 2007 a causa de una insuficiencia cardíaca, a los 71 años, y sus últimos tiempos los dedicó sobre todo a la pintura abstracta, para la cual usaba el mismo implemento que lo hizo célebre: el disco.