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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Ana Lallande, máxima medallista de los Juegos Centrocaribes


Por Lemay Padrón Oliveros

Con 17 medallas en Juegos Centroamericanos y del Caribe (10 de oro, tres de plata y cuatro de bronce), la nadadora puertorriqueña Anita Lallande es la máxima medallista histórica en este tipo de lides.
   Tenía apenas 13 años cuando Lallande hizo su debut en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Kingston-1962, y ganó en Jamaica tres preseas de plata y dos de bronce.
   Un cuatrienio después fue su país el organizador, y en casa la chica de 17 abriles ocupó el centro del podio en ocho eventos individuales y dos relevos ganadores.
   Ante su público ganó los 100, 200, 400 y 800 metros estilo libre, los 100 y 200 espalda, los 100 y 200 mariposa y los relevos 4x100 libre y combinado, además de ser tercera en 200 y 400 combinado.
   Su gran actuación fue vital para que Puerto Rico ganara 13 de las 14 medallas de oro disputadas, un dominio nunca antes visto en la natación de los Juegos Centrocaribes.
   Lallande pudo haber aumentado más su cosecha y ser de hecho la reina de los Juegos, denominación que le disputa la tiradora cubana Tania Pérez, con menos preseas, aunque con un título más, pero la nacida en San Juan no volvió a las citas regionales.
   En su lugar, la ondina boricua compitió en los Juegos Panamericanos de Sao Paulo-1963 y Winnipeg-1967, y en los Juegos Olímpicos de Tokio-1964.
   No logró acceder a las finales de sus especialidades en la justa bajo los cinco aros, pero en Panamericanos sí hizo historia, pues junto a Ana Marcial, Melanie Laporte y Kristina Moir alcanzó la primera presea para mujeres puertorriqueñas.
   Ellas ganaron los metales bronceados en el relevo de 4x100 metros libre de esa cita continental, con tiempo de cuatro minutos, 26 segundos y 56 centésimas, solamente por detrás de las dos potencias, Estados Unidos y Canadá.
   Pese a participar solamente en dos Juegos Centroamericanos y del Caribe, Ann Lallande dejó una huella indeleble en la historia de estos certámenes cuatrienales.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Los otros «Olímpicos»

Por  Lemay Padrón Oliveros 

Llevan ya 13 ediciones realizadas y se aprestan a comenzar su número 14, pero ni siquiera en el mundillo deportivo se sabe lo suficiente de los Juegos Paralímpicos, opacados por los Olímpicos, tanto de verano como de invierno, porque al igual que las citas convencionales, estas dedicadas a personas con cierta discapacidad física, también tienen su versión invernal.
 Su génesis estuvo en 1948, cuando paralelamente a la justa estival de Londres, se realizó otra en la cual participaron fundamentalmente unos 130 veteranos de la II Guerra Mundial que concluyeron la contienda con secuelas en su anatomía.
 La reunión se celebró en la localidad inglesa de Mandeville (¿les suena el nombre?, claro, es el de una de las mascotas utilizadas en los pasados Olímpicos), y su impacto sirvió para que luego se conformara un movimiento internacional y se convocara a la primera edición oficial de los Paralímpicos, la celebrada en Roma-1960, en la cual participaron 400 deportistas de 23 naciones.
 Sin embargo, de sus primeras siete reuniones, solamente las dos primeras tuvieron como sede el mismo escenario de los eventos convencionales, la de Roma y la de Tokio-1964. No es hasta Seúl-1988 que vuelven a reunirse los dos certámenes, y con la creación del Comité Paralímpico Internacional en 1989, se toma la decisión de realizar siempre ambas competiciones en los mismos escenarios, con solamente unas semanas de diferencia.
 Por su parte, los Paralímpicos de invierno surgen en Suecia en 1976, y desde Albertville-1992 también comparten la misma geografía que sus pares tradicionales.
 En cuanto a las figuras, la nadadora ciega estadounidense Trisha Zorn es la principal multimedallista, con 32 medallas de oro, nueve de plata y cinco de bronce, y detrás aparecen los también nadadores Mike Kearney (16-0-0) de Gran Bretaña, Beatrice Hess (15-4-0), de Francia y Mayumi Narita (15-3-2), de Japón.
 En el caso de Cuba, su primera incursión oficial fue en Barcelona-1992, y desde entonces no ha faltado a ninguna cita para discapacitados.
Ahora para Londres-2012 la delegación está compuesta por 25 atletas, quienes competirán en atletismo, judo, pesas, natación, tiro y ciclismo.
 El objetivo de la delegación es superar la actuación de Beijing-2008, cuando se alcanzaron 14 preseas (5-3-6), y para eso se cuenta sobre todo con el aporte de la multicampeona paralímpica Yunidis Castillo y su colega Omara Durand, el judoca Isao Cruz, entre otros.

jueves, 23 de agosto de 2012

Taymazov: el Karelin de la lucha libre


Por Lemay Padrón Oliveros

Desde que fijó en grande sus metas, el luchador uzbeco Artur Taymazov se puso el listón bien alto: quería emular al mejor luchador del Siglo XX, el ruso Alexander Karelin, ganador de nueve títulos planetarios y cuatro preseas olímpicas (tres oros y una plata).
   El es la guía en la lucha y estoy realmente muy feliz por haberlo igualado en el total de medallas estivales. Pensé en eso todo el tiempo, era mi sueño y no pensaba en nada más. Quise ser como él y lo he logrado, dijo tras imponerse en Londres-2012 en la división de 120 kilogramos del estilo libre.
   El georgiano Davit Modzmanashvili era su último escollo, y lo salvó con una clara victoria 1-0 y 1-0, para sellar una competición brillante, pues no permitió puntos en contra en sus cuatro combates, y entre ellos incluyó una pegada en semifinales contra el estadounidense Tervel Dlagnev.
   Ese oro lo sumó a los obtenidos en Atenas-2004 y Beijing-2008, así como también a la plata de Sydney-2000, cuando vio de cerca la última incursión oficial de su ídolo.
   De esta manera aventajó a Alexander Medved, de la antigua Unión Soviética, quien dominó las justas de Tokio-1964, México-1968 y Munich-1972 y siete Mundiales, pero no estuvo en una cuarta Olimpiada.
   Dispuesto a vencer o morir, como declaró posteriormente, Taymazov encaró a sus 33 años su posible último gran evento y el final no pudo ser más feliz, al convertirse en el único gladiador de su estilo en ganar cuatro metales en citas bajo los cinco aros.
   Para llegar aquí el trayecto no fue nada fácil, pues no pudo obtener su boleto a Londres en el Mundial de Estambul-2011 al caer en cuartos de final contra el propio Dlagnev, y debió imponerse en el preolímpico de Astana, Kazajstán, el pasado mes de marzo.
   Solamente el ruso David Mussulbes tuvo el privilegio de derrotarlo en unos Juegos Olímpicos, y de él se vengó ocho años más tarde, cuando Mussulbes se había mudado a Eslovaquia porque no hacía equipo en Rusia, tras perderse la cita de Atenas-2004.

RUSO DEVENIDO UZBECO

Hermano menor de Timur Taymazov, quien bajo la bandera de Ucrania se coronó en los Juegos de Atlanta-1996, tras finalizar segundo en los de Barcelona-1992 en los 100 kilos, el pequeño Artur nació en la región rusa de Osetia, la cuna de los grandes luchadores de ese país.
   Sin embargo, sus primeros pasos en el deporte fueron en levantamiento de pesas, hasta que a los 11 años en su natal Ordzhonikidze se abrió un club de lucha, y ahí cambió totalmente su vida.
   En representación del país más grande del mundo compitió en los Juegos Mundiales Juveniles de Moscú-1998, en la categoría cadetes y en la división de 95 kilos, pero al verse fuera del equipo principal cuando saltó a los mayores, siguió los consejos de su hermano y cambió de nacionalidad.
   Rápidamente Uzbequistán aceptó sus servicios y Taymazov le pagó con creces, al conquistar los primeros lugares en el preolímpico y en los Juegos de Asia, y la plata de Sydney-2000, primera presea para la lucha de ese país en justas cuatrienales. La suerte estaba echada.
   Su primera corona mundial la obtuvo en Nueva York-2003, cuando el puesto de Rusia se lo llevó Kuramagomed Kuramagomedov, un luchador que no se le hacía tan complicado como Mussulbes, quien le infligió duros reveses en los Mundiales de Sofía-2001 y Teherán-2002.
   Tras encumbrarse en Atenas-2004 volvió a ceder el trono en los certámenes del orbe de Budapest-2005 y Bakú-2007, aunque ganó en Guangzhou-2006, pero en Beijing-2008 no dejó margen a dudas y retuvo el cetro estival.
   Este ciclo olímpico tampoco fue brillante (segundo lugar en Moscú-2010 y octavo en Estambul-2011), pero en Londres volvió a dejar claro su mensaje: por delante de mí, solamente Karelin.

viernes, 27 de mayo de 2011

Al Oerter prestigió la cita de Chicago-1959

Por Lemay Padrón Oliveros

Siempre que se hable de los mejores competidores en la historia de los Juegos Panamericanos se deberá mencionar a Al Oerter, considerado el mejor discóbolo de la historia, quien dominó su especialidad en la cita de Chicago-1959.
A pesar de llegar al torneo continental con la aureola de ser el vigente campeón olímpico, muchos pensaron que Oerter solamente había tenido un golpe de suerte en Melbourne-1956.
No obstante, el gigantón de 1.92 metros de estatura y 130 kilogramos de peso no ofreció margen a dudas y triunfó con 58.71 metros, mucho mejor al 56.36 que le había dado la victoria estival tres años atrás, cuando apenas tenía 20 años de edad.
Su dominio fue tal que superó al segundo clasificado por casi cuatro metros, pues su compatriota Richard Cochran no rebasó los 54.44, y el también norteño Parry O´Brien, plateado en México-1955, completó el podio con registro de 51.84.
En esos momentos muy pocos lo sabían, pero acababan de presenciar el efímero, pero contundente paso de una de las mayores estrellas asistentes a Juegos Panamericanos, ese que dominó el escenario olímpico durante 12 años desafiando rivales y, sobre todo, la edad.

EL MEJOR DISCÓBOLO DE LA HISTORIA


Alfred Adolf Oerter Jr. clasifica como el mejor lanzador de disco de la historia, gracias a la conquista de cuatro títulos olímpicos consecutivos en su especialidad, algo solamente igualado Carl Lewis, campeón del salto largo desde Los Ángeles-1984 hasta Atlanta-1996.
Sin embargo, el fornido discóbolo neoyorquino tiene la ventaja de haber logrado además marcas estivales en las cuatro oportunidades, además de que implantó tres registros mundiales en su especialidad.
Nunca llegó a las citas bajo los cinco aros como favorito, pero a la hora de la verdad logró siempre sacar el extra de los campeones.
En Melbourne-1956 su compatriota Fortune Gordien contaba con el favoritismo precompetencia, gracias a su primado del orbe, mas Oerter lanzó como nunca antes y no sólo se llevó el cetro, sino que consiguió los tres mejores envíos de la lid, con 56.36 metros como cifra ganadora.
En Roma-1960, tras superar un accidente automovilístico que estuvo a punto de dejarle paralítico, los consejos de su coequipero Richard Babka le llevaron al oro, luego que éste le corrigió algunas fallas en los movimientos.
Haz el movimiento más lento, le dijo su colega, quien lo veía frustrado intentando forzar los envíos al verse con varios metros de desventaja y fuera del podio.
Resultado: 59.18 para Oerter y 58.02 para Babka, quien finalizó segundo también en los Panamericanos de Winnipeg-1967.
En Tokío-1964 superó hasta el límite la barrera del dolor, pues poco antes de los Juegos resbaló al salir del tanque de lanzamientos y se fracturó una costilla, por lo que los médicos le aconsejaron no lanzar un disco en varios meses.
Cada vez que mi pecho se expandía para respirar, sentía como si alguien clavara un cuchillo en mis costillas, pero yo mismo no me iba a negar la posibilidad de revalidar mi título olímpico, recordó poco tiempo después.
Se le suministraron cajas de cápsulas de amoníaco para tratar de aminorar el dolor. Cuando usted pone algo como eso bajo su nariz, supera cualquier tipo de dolor, rememoró jocosamente.
Con ese mismo buen humor llegó a afirmar en una ocasión que para llamar la atención del público hacia el lanzamiento del disco lo único que faltaba a los competidores era lanzarse el implemento entre ellos.
Volviendo a Tokío-1964, el checoslovaco Luduvic Danek, dueño en esos momentos del récord mundial, partía con aureola ganadora, pero Oerter lanzó 61.10, por 60.52 el europeo.
Finalmente, a México-1968 viajó sin perspectivas de éxito, pues todos los rivales lo habían superado en los últimos tiempos y ya tenía 32 años, demasiados para el alto rendimiento según los cánones de la época.
Una vez más debía superar al recordista del orbe, en este momento su colega Jack Silvestre, pero a pesar de haber clasificado apenas tercero en los trials de su país y de competir con una minerva, Oerter consiguió 64.78 metros, por 63.50 Silvestre, quien quedó fuera del podio.
Entre sus postreros momentos de gloria, el neoyorquino atesoró el orgullo de haber llevado la antorcha olímpica en uno de los últimos relevos durante la cita de Atlanta-1996.
Oerter falleció el de 1 octubre de 2007 a causa de una insuficiencia cardíaca, a los 71 años, y sus últimos tiempos los dedicó sobre todo a la pintura abstracta, para la cual usaba el mismo implemento que lo hizo célebre: el disco.