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viernes, 20 de febrero de 2015

Canadá quiere mejorar en lucha para Toronto-2015

Por Lemay Padrón Oliveros 

Con la plata de Atlanta.
La lucha pretende ser un deporte donde Canadá pueda plantarle cara a Cuba en la batalla por el segundo lugar del medallero general en los venideros Juegos Panamericanos de Toronto-2015, previstos a mediados de julio.
El subtitular olímpico de Atlanta-1996 y oro mundial en Sofía-2001 Guivi Sissaouri, quien lleva un año como entrenador principal del estilo libre, tras ser el responsable de la categoría juvenil, confía en las buenas presentaciones de sus pupilos.
Cuatro años atrás, los de la hoja de maple solamente alcanzaron una presea de oro, que fue al cuello de la monarca olímpica de Beijing-2008 Carol Huynh (48 kilogramos), pero solamente un hombre logró acceder a una final, y terminó con plata: Sunny Dhinsa (120).
 “Para Toronto tenemos grandes esperanzas con Haislan García (65), Cleopas Ncube (74), Tamerlan Tagziev (85) y Khetag Pliev (97). Estados Unidos y Cuba son los equipos más fuertes, pero Canadá va a competir de tú por tú con los dos”, dijo el monarca continental de Winnipeg-1999.
Sissaouri, quien se nacionalizó canadiense en 1991, cuando tras la desaparición de la Unión Soviética en Georgia se vio sin medios para entrenar, estuvo tres veces como competidor en los tradicionales torneos internacionales Granma-Cerro Pelado, y recuerda con cariño sus duelos con los cubanos.
“Son muy buenos, agresivos y rápidos, por eso como entrenador pienso siempre traer a luchadores canadienses para que se fogueen aquí. Aquí se hacen muy buenos campos de entrenamiento”, explica el adiestrador, hoy con 43 años de edad.
“Este año el torneo estuvo mucho mejor porque vinieron buenos competidores de Hungría, Polonia y Estados Unidos. Vinimos con una mezcla de jóvenes y otros más experimentados”, declaró Sissaouri, cuya última competición oficial el Campeonato Panamericano de 2008.
Aparte del propio Sissaouri, que se coronó en 1999, Canadá solamente ha podido ganar un oro en los Panamericanos más recientes con Roozbeh Banihashemi (84 kg en Río de Janeiro-2007), pues para encontrar a otro monarca de ese país habría que remontarse a Indianápolis-1987.
Por supuesto, la tropa norteña pretende mejorar esa estadística en Toronto, con permiso de Cuba y Estados Unidos.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Hermes Rodríguez, el Rey de los Centrocaribes


Por Lemay Padrón Oliveros

El riflero cubano Hermes Rodríguez ostenta con orgullo el título de Rey histórico de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, al ser el máximo ganador de medallas de oro, con 19, obtenidas en cuatro ediciones.
   Fue el gran dominador en la especialidad de rifle tres posiciones al ganar todas las ediciones desde 1986 hasta 1998, y además se impuso de manera individual acostado (1986), de pie (1990) y de rodillas (1986).
   Por equipos también encabezó al plantel que se llevó las coronas en tres posiciones desde Santiago de los Caballeros-1986 hasta Maracaibo-1998, para totalizar 11 cetros en esa modalidad.
   Otras cuatro coronas, en el mismo período de tiempo, añadió disparando con el rifle de aire de manera individual, y las restantes cuatro como miembro del colectivo de su país con esa misma arma.
   Sus únicas preseas de plata fueron en el rifle tendido por equipos de México-1990, donde también fue segundo en el rifle de rodillas, y lo había sido antes de pie en 1986, para completar 22 metales en total.
   Con sus 19 oros supera cualitativamente al máximo ganador de preseas en la historia de los Juegos regionales más antiguos del planeta, el colombiano Bernardo Tobar, también tirador, quien sumó 29 preseas: nueve de oro, 11 de plata y nueve de bronce.
   Además, Hermes Rodríguez obtuvo varias medallas en Juegos Panamericanos, pues fue subtitular en carabina tres posiciones por equipos de La Habana-1991, especialidad en la cual había sido bronce en Indianápolis-1987.
   Otro tercer puesto continental lo consiguió en la modalidad de pie, en 1991, de manera individual, y conquistó bronce por equipos en carabina neumática en 1987, 1991 y Mar del Plata-1995.
   Grueso palmarés sin dudas el de este riflero, considerado con justicia el Rey de los Centrocaribes.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Héctor Milián: a 20 años de su mayor logro

Por Lemay Padrón Oliveros


El momento cumbre.
28 de julio de 1992. Cuba espera su primer título en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Ya tuvo una oportunidad con la judoca Estela Rodríguez, pero esta no pudo con la china Xiaoyan Zhuang y quedó en plata. Ahora está Héctor Milián en la final de 100 kilogramos de la lucha grecorromana.
Su rival es el estadounidense Dennis Koslowski y el combate marcha igualado a un punto por bando. Milián marcó antes de cumplirse los dos primeros minutos de combate (entonces era a cinco), pero el norteño le emparejó el duelo a poco del final. Deberán ir a tiempo extra. ¿Se volverá a escapar el título? De eso nada, el caribeño logra derribar a su contrario con un fuerte halón, y así se lleva el peleado triunfo 2-1.
Pasados ya 20 años y unos meses de aquel suceso memorable, que abrió la senda para la mejor cosecha cubana en citas estivales, su protagonista, de pocas palabras y hablar pausado, hace un poco de memoria para complacer las inquietudes de este sitio.
“El combate final fue mucho más complicado de lo que todo el mundo esperaba. Yo le había ganado ya en la final de los Juegos Panamericanos de Indianápolis-1987 pese a tener solamente 19 años y por eso no pensé que tuviera que ir a tiempo extra. El estuvo fuera de casi todas las competencias en los dos años anteriores, me estuvo estudiando para ganarme y casi lo consigue.”
Pasadas ya dos décadas, ¿Cómo recuerdas el momento?
“Es lo más grande que me pasó en mi vida. Se trata de lo máximo para cualquier deportista, y en mi caso además entrañaba una responsabilidad, porque era el abanderado de la delegación”.
¿Qué me puedes decir de la llegada a Cuba?
“Tuve reconocimientos y momentos muy lindos en todas partes, la verdad no puedo destacar uno por encima de otro.”
¿En qué está Milián actualmente?
“En estos momentos soy el presidente de la Comisión de Atención a Atletas de Playa y me va bastante bien. Hemos obtenido muy buenos lugares en la emulación.

sábado, 13 de octubre de 2012

Soto: El Rey de las alturas


Por Lemay Padrón Oliveros

Este 13 de octubre cumple 45 años de edad el atleta del siglo XX en Cuba: el saltador de altura Javier Sotomayor Sanabria, apodado el Rey de las alturas.
Apenas con 15 años de edad logró sobrepasar el listón sobre los dos metros. Había nacido para el salto alto y esas facultades las descubrió el activista Carmelo Benítez allá en el poblado matancero de Limonar, donde vio la luz el 13 de octubre de 1967.
Su ascenso fue meteórico, hasta el punto que se ganó el sobrenombre de Príncipe de las Alturas, pero preferimos llamarlo Rey, porque nadie se le acercó. De ello se encargaron su primer entrenador oficial, José Godoy, y posteriormente Guillermo de la Torre.
Sus aptitudes para esta modalidad le permitieron, gracias a una beca, estudiar en la Escuela Superior de Perfeccionamiento Deportivo de La Habana. Debido a circunstancias políticas no pudo participar en los Juegos Olímpicos de Seúl-1988; sin embargo, esta situación no le impidió superar en ese año el récord del mundo con un salto de 2.43 metros.
Con 1.94 metros de talla y 81 kilogramos de peso, hizo sus pininos a los 13 años y solo llegó hasta 1.65 metros, pero con 10 centímetros menos de estatura en ese entonces. Comenzó a asombrar en grande cuando a los 19 años fijó el tope mundial juvenil en 2.36. Poco después llegó su primer récord del planeta, con apenas 21 años.
Una lesión al comienzo de la década de los 90 le obligó a abandonar temporalmente este deporte. Esto le permitió proseguir con sus estudios de Cultura Física. En esta época se produjo además la muerte de Godoy, su entrenador, quien fue sustituido por De la Torre.
En 1992, durante la celebración de las Olimpiadas de Barcelona, consiguió la medalla de oro con un registro 2.34 metros, discreto para su nivel, pero inalcanzable para el resto de los competidores.
Ganó todas los premios otorgados por la Federación Internacional de Atletismo: olímpicos, siete mundiales (cuatro bajo techo y dos al aire libre), tres Panamericanos e igual cifra de patrones para los Juegos Centroamericanos y del Caribe, además del Premio Príncipe de Asturias de los deportes, en 1993, y cinco veces el de la agencia de noticias Prensa Latina.
En certámenes del orbe al aire libre triunfó en las ediciones de Stuttgart-1993 (2.40 metros) y Atenas-1997 (2.37) y consiguió plata en Tokio-1991 (2.36) y Gotemburgo-1995 (2.37), mientras que en citas techadas se llevó el máximo premio en Budapest-1989 (2.43), Toronto-1993 (2.41), Barcelona-1995 (2.38) y Maebashi-1999 (2.36) y concluyó segundo en París-1985 (2.30) y tercero en Sevilla-1991 (2.31).
Los Juegos Panamericanos lo vieron subir a lo más alto del podio en Indianápolis-1987 (2.32), La Habana-1991 (2.35) y Mar del Plata-1995(2.40), este último salto récord continental, y los encuentros centrocaribeños en México-1990 (2.34), Ponce-1993 (2.35) y Maracaibo-1998 (2.37), también marca del área en la última ocasión.
Desde que el estadounidense George Horine burló el listón en 2.00 metros exactos, en el Stanford Stadium de Palo Alto, Estados Unidos, el 18 de mayo de 1912, hasta que el soviético Rudolf Povarnitsin devino primer humano en conquistar el mítico muro de los 2.40 metros en la ciudad ucraniana de Donestk, otrora Unión Soviética, el 18 de agosto de 1985, transcurrieron 73 años.
Sin embargo, en las tres temporadas subsiguientes esa barrera creció igual cantidad de centímetros en las piernas de tres talentosos atletas: el ruso Igor Paklin (2.41), el sueco Patrick Sjoberg (2.42) y Javier Sotomayor, pero este último fue el único capaz de superarla en reiteradas ocasiones.
Sus registros planetarios llegaron en el siguiente orden: 2.43 metros el 4 de marzo de 1989 en Budapest, Hungría (vigente bajo techo), 2.43 el 8 de septiembre de 1988 en Salamanca, España, 2.44 el 25 de julio de 1989 en San Juan, Puerto Rico, y 2.45 el 27 de julio de 1993 otra vez en Salamanca, (vigente al aire libre).
Durante los últimos 15 años, ningún otro saltarín, salvo Sotomayor, fue capaz de pasar el cuerpo por encima de los 2.42 metros. Únicamente el cubano lo hizo en ocho ocasiones. En ese lapso -sin dudas el mejor momento vivido por la prueba en el planeta- nueve candidatos rebasaron los 2.40 metros; aunque distaban a cinco centímetros del patrón universal. Sotomayor, en cambio, los burló en más de 20 oportunidades.
Tras ser injustamente sancionado a dos años sin competir tras los Juegos Panamericanos de Winnipeg-1999, la IAAF le condonó la sanción y con apenas tres meses de entrenamiento se adjudicó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Sydney-2000.
Allí consiguió un salto de 2.29 metros en prueba ganada por el ruso Serguei Kliugin (2.31), y con la cual cerró para él su ciclo competitivo, pues al año siguiente apenas tomó parte en algunas citas atléticas hasta abandonar definitivamente las pistas que lo llenaron de gloria por más de una década.
Posteriormente compartió su tiempo entre el patrocinio del grupo musical Salsa Mayor y el asesoramiento a las nuevas figuras del salto alto en la Isla, hasta que ocupó el cargo de delegado de la Comisión nacional de atletismo, y desde hace unos años es el gerente del equipo nacional.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Ulacia, pelotero de la gorra a los spikes

Por  Lemay Padrón Oliveros

Entre los peloteros más completos que han pasado por las Series Nacionales de Béisbol de Cuba se encuentra sin dudas el camagüeyano Luis Ulacia Álvarez.
 El agramontino era capaz de defender con acierto cualquier posición dentro del cuadro, incluyendo el difícil campo corto, y además los jardines, tanto dentro como fuera de la mayor de las Antillas.
Nacido el 24 de septiembre de 1963 en Ciudad de La Habana, muy joven se mudó con su familia para Camagüey, donde se formó como pelotero.
En las filas de la novena agramontina debutó en los clásicos nacionales en la temporada de 1980-1981, cuando los conjuntos de esa región centro oriental quedaban bastante lejos en las ubicaciones finales.
Rápidamente se ganó un puesto como regular, y con su aporte Camagüey consiguió el tercer puesto en la Serie 1982-1983, pero lo mejor estaba por llegar. Inició su accionar como torpedero, y formó junto a Sergio Quesada una de las combinaciones más efectivas de la década de los años 80 del siglo pasado alrededor de la segunda almohadilla, y también un buen 1-2 a la ofensiva, el tradicional punto flaco de los planteles de esa zona del país, pródiga en lanzadores de nivel.
Ellos dos resultaron vitales en la conquista del segundo puesto en la temporada 1984-1985.
Comparte con otros 15 peloteros el récord de más imparables conectados en un desafío (6), cuando lo logró el 16 de febrero de 1986 en la XII Selectiva en choque de 10 entradas entre Camagüeyanos y Mineros.
En ese momento era el séptimo jugador que lo hacía y con actuaciones como esa saltó al equipo nacional, de donde no se movió más casi hasta su retiro.
Ocupó entonces el puesto dejado por Rodolfo Puente, nada menos que el capitán por más de una década de la novena antillana, y respondió a la confianza de los especialistas con buenas actuaciones en los Juegos Panamericanos de Indianápolis-1987 y el Mundial de Italia-1988.
Volviendo al terreno doméstico, lideró al combinado agramontino en su primera incursión en los play off, en la campaña 1990-1991, cuando vencieron a La Habana en la primera ronda 3-1, y luego cayeron frente a Henequeneros 2-4 en la final.
Al año siguiente llegaron nuevamente a la postemporada, pero les tocó jugar contra Industriales, el monarca indiscutible de esa ocasión, que les barrió 4-0.
Tuvieron que esperar hasta la zafra 1997-1998, cuando Santiago de Cuba les dejó en tercer puesto, e igual posición, gracias al mismo oponente, ocuparon en 2000-2001, precisamente el último año de Ulacia con la franela.
Desde entonces, lo más que han hecho los equipos de esa provincia ha sido avanzar en par de ocasiones a la postemporada, pero cayeron en el primer cruce y se fueron sin medallas. Tanto fue el aporte de Ulacia, dentro y fuera del terreno.

LOGROS INDIVIDUALES

Se trata del pelotero que ocupa el cuarto lugar de todos los tiempos en indiscutibles (dos mil 183) y bases robadas (355), el décimo en veces al bate (seis mil 961), el noveno en carreras anotadas (mil 147) y bases por bolas intencionales (140).
Individualmente finalizó como líder de los bateadores en la XXVIII SN (157-67=427) y en la XXI (165-62=376), en ambos casos para la Zona Oriental, y en la XXXVI lo fue de manera absoluta (242-102=421), además de puntero en bases robadas en 1988 con 26.
En las filas del combinado tricolor conquistó las medallas de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de México-1990 y Ponce-1993, en los Panamericanos de Indianápolis-1987, La Habana-1991 , Mar del Plata-1995 y Winnipeg-1999 .
También integró al combinado que ganó el cetro en los Juegos Olímpicos de Barcelona-1992 y Atlanta-1996, además de la plata de Sydney-2000.
Cuando fue dada a conocer la integración del conjunto a la Copa Mundial de Taipei-2001, una buena parte de los aficionados y especialistas criticaron su inclusión, por tratarse de un pelotero de 38 años.
Sin embargo, bate en mano echó a tierra todos los criterios y regresó con la distinción al Jugador Más Valioso, porque bateó 600 (30-18), líder, con 10 anotadas, colíder y seis bases robadas, segundo.
El 2 de agosto de 1996 vivió uno de sus mejores momentos en la arena internacional, al conectar de 5-4 contra Japón en la final de los Juegos de Atlanta, con tres anotadas, un jonrón y dos empujadas.
Tras pasar al retiro junto a otros grandes como Omar Linares, Antonio Pacheco, Orestes Kindelán y Germán Mesa, pasó como entrenador a la Liga amateur de Japón.
Luego de trasmitir sus experiencias en otros países de Latinoamérica regresó con la difícil misión de poner nuevamente a Camagüey entre los cuatro grandes del béisbol cubano, pero problemas de salud le impidieron completar su labor.

lunes, 20 de febrero de 2012

Pedro Orlando Reyes: el licenciado boxeador

Por Lemay Padrón Oliveros

Bien extraño resulta encontrar un boxeador cubano graduado de otra cosa que no sea Cultura Física, por eso resulta toda una excepción el caso de Pedro Orlando Reyes Ponce, quien estará de cumpleaños por estos días.
Además de excelente pugilista, Reyes demostró dotes intelectuales al conseguir el título de Licenciado en Historia.
Nació casi con la Revolución cubana, el 23 de febrero de 1959 en La Habana, otra cosa curiosa porque la capital de la Isla aportó bastante pocos boxeadores de altura hasta mediados de los años 90 del pasado siglo.
Sin embargo, con los guantes puestos este hombre no encajaba ni en lo que se esperaba de un competidor capitalino, ni mucho menos para alguien sobresaliente en los estudios.
En seis ocasiones se convirtió en campeón nacional en torneos Playa Girón, durante las ediciones de 1982, 1983, 1984, 1985, 1986 y 1988, en una división tradicionalmente fuerte en la mayor de las Antillas, la de los 51 kilogramos.
A pesar de reinar en casa en 1982, sólo un año más tarde integró la principal escuadra antillana a los compromisos internacionales, y tanto fue su empeño que tuvo su mejor temporada.
En abril inició su actuación en el equipo Cuba cuando le ganó a Michael Collins por RSC en el segundo asalto en el entonces tradicional tope bilateral con Estados Unidos, y luego se coronó en la Copa del Mundo de Roma, entre el 17 al 22 de octubre.
Allí eslabonó victorias ante el húngaro Janos Varadi 5-0, el búlgaro Petar Lesov 5-0 y en la final frente al surcoreano Yong Mo Huh 4-1.
Con anterioridad, del 14 al 29 de agosto, intervino en los Juegos Panamericanos de Caracas, donde derrotó en la final al dominicano Laureano Ramírez, y también se impuso en el Centroamericano y del Caribe celebrado en La Habana, al superar por el oro a Pedro Sánchez, también dominicano.
La campaña de 1984 registró el boicot de los países socialistas a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, algo que afectó a Reyes por partida doble, pues tampoco pudo asistir a la cita de Seúl-1988, precisamente los años en los cuales era el mejor de su división.
En ese período derrotó 5-0 a Steve McCrory en el tope bilateral con Estados Unidos en febrero y luego se coronó en La Habana durante los Juegos de la Amistad, paralelos a los de Los Ángeles.
Fueron convincentes sus éxitos contra Yuri Vilishchuk (URSS) por RSC en el tercer asalto, Ivan Filchev (Bulgaria) en semifinales 5-0, y por no presentación en la final a Zbigniew Raubo (Polonia).
Al año siguiente consiguió los primeros puestos a domicilio, pero en la arena internacional solamente compitió en la sexta edición de las Espartaquiadas de los Ejércitos Amigos, en Polonia, donde superó a Valentin Dymitrov (Bulgaria) por decisión unánime.
1986 lo vio regresar victorioso de los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en Santiago de los Caballeros, donde derrotó a Eduardo López (Panamá) con un contundente fuera de combate en semifinales, y al dominicano Ramírez por 4-1 en la lucha por el oro.
Sin embargo, lo mejor de ese año, y de su carrera, fue su actuación en septiembre durante el Campeonato Mundial de Reno, Estados Unidos.
Allí dejó en el camino al soviético Beybut Eszhanov y al italiano Andrea Manía por 5-0, al húngaro Varadi 4-1, y al venezolano David Grimán 5-0 por el título.
No obstante, meses después no pudo ganar el Playa Girón y llevaron a Adalberto Regalado a los Juegos Panamericanos de Indianápolis-1987, pero tras triunfar allí el pinareño perdió en la Copa del Mundo de Belgrado en su primera salida.
Mientras, Reyes se coronaba en el torneo centroamericano de Costa Rica al superar en la final a Andy Agosto (Puerto Rico), y en este tipo de lides volvió a triunfar 12 meses después, cuando Cuba llevó a su principal equipo a Guatemala.
Además venció por puntos a Arthur Jonson en el duelo con los estadounidenses, efectuado en Atlantic City en abril, únicos topes de alcurnia del boxeo cubano en esa temporada, al cancelarse la asistencia a Seúl-1988.
Otro punto culminante de su carrera le esperaba en 1989, después de llevarse la medalla dorada en la VII Espartaquiada de los Ejércitos Amigos con una sonrisa por votación unánime ante Kim Jon Cho (Surcorea).

MUNDIAL DE MOSCU, INJUSTICIA SOBRE EL CUADRILATERO

Llegó el Mundial de Moscú-1989 y todo pintaba bien para el púgil capitalino. Primero superó a Lionell Odom (Estados Unidos) 17-11, luego a Nicolae Aliuta (Rumanía) 33-14, a Vedat Tutuk (Turquía) 23-3, y a Krzysztof Wróblewski (Polonia) 14-1 en semifinales.
Yuri Arbachakov (Unión Soviética) era su rival en la disputa por el cinturón máximo, y muchos daban al cubano como favorito, aunque su contrario competía en casa.
El europeo comenzó delante en las boletas, pero poco a poco el caribeño fue imponiendo su boxeo agresivo y provocó la retirada de su contrario.
Sorpresivamente el árbitro principal consultó a la mesa presidencial y entonces vino lo impensable: el triunfo recayó en el atleta local porque cuando se detuvo el pleito iba delante 18-17, primera y única vez en que se aplicó esta disposición.
Gracias a decisiones como esas, la entonces Unión Soviética se llevó el primer lugar por puntos, destronando a la mayor de las Antillas por primera ocasión en ese tipo de lides, y Reyes, afectado notablemente en lo anímico, decidió colgar los guantes.
Desde entonces se aplicó a los estudios hasta hacerse Licenciado, y actualmente disfruta de los éxitos de su hijo Rudy, integrante del equipo Cuba de béisbol y de la selección de Industriales.

domingo, 19 de febrero de 2012

Una leyenda de la lucha mundial en La Habana

Por Lemay Padrón Oliveros

Todavía hoy muy pocos luchadores del mundo pueden presumir del palmarés del estadounidense John Smith, doble campeón olímpico y varias veces mundial, e integrante del Salón de la Fama de la Federación Internacional (FILA).
Para el titular estival de Seúl-1988 y Barcelona-1992 La Habana es un lugar íntimo, con el cariño alcanzado ya luego de más de 10 visitas, las primeras a inicios de los años 90 del pasado siglo, cuando prácticamente era imbatible sobre los colchones.
Sin embargo, aquí gané y perdí indistintamente, porque Cuba siempre ha tenido muy buenos luchadores, sobre todo en los pesos pequeños, confiesa el exgladiador del estilo libre en exclusiva con este redactor.
Tras finalizar su brillante carrera, que incluyó las coronaciones en los Mundiales de Clermont Ferrand-1987, Martigny-1989, Tokío-1990 y Varna-1991, siempre en la ya extinta división de 62 kilogramos, Smith se convirtió en entrenador.
En esa nueva función, desde 2004 regresa a Cuba anualmente para intervenir en los torneos internacionales Granma-Cerro Pelado, al ser el principal técnico de la escuadra estadounidense de lucha libre masculina.
Este es un bello país, me encanta el calor de su gente, y competitivamente también es muy provechoso el viaje porque Cuba es muy fuerte y tanto el torneo como las bases de entrenamiento nos rinden frutos, explicó.
Especial interés tuvo el certamen este año, en el cual acontecerán los Juegos Olímpicos de Londres-2012.
No hay muchas competiciones para foguearnos, porque la mayoría se dedican a otorgar los boletos restantes, y como ya nosotros tenemos cinco clasificados, solamente dos divisiones pueden combatir allí, indica.
Sobre la lid estival, en primer lugar se pone como meta completar el equipo, pero a la hora de pronosticar medallas, el también dorado panamericano de Indianápolis-1987 y La Habana-1991 prefiere no aventurarse.
Nunca me ha gustado dar pronósticos, nosotros trabajamos muy duro y seguiremos así, tenemos un grupo talentoso y eso se vio en el pasado Mundial, por eso confío en un buen resultado general, sin entrar en precisiones, señala.
A diferencia de lo ocurrido tradicionalmente, asegura Smith que esta vez los llamados Trials no serán definitivos, sino parte del criterio para conformar la delegación definitiva a Londres.
Vamos a probar con esta fórmula por primera vez a ver cómo funciona, evaluaremos a todos tomando en cuenta tanto los resultados de cada torneo, como la forma en que se comporten ante los rivales más exigentes, concluyó.
De momento, Smith ya tiene una tarea inmediata en tratar de ganar algún título en la edición 43 de los torneos internacionales Granma-Cerro Pelado, donde quizás podamos ver nacer otra leyenda de la lucha mundial. 

lunes, 3 de octubre de 2011

Río de Janeiro-2007: excepcional fiesta de 15

Por Lemay Padrón Oliveros

Como sucede con las muchachas que arriban a sus 15 años de vida, los Juegos Panamericanos celebraron su decimoquinta edición por todo lo alto entre el 12 y el 29 de julio de 2007, en la espléndida ciudad brasileña de Río de Janeiro.
Con la vista puesta en su candidatura olímpica, ganada definitivamente para la edición de 2016, la urbe carioca se esforzó para lucir lo mejor posible.
Sin embargo, contó con el inconveniente de la lejanía de algunas instalaciones que normalmente se ubican cerca del resto (atletismo, natación y ciclismo, por ejemplo), localizadas esta vez fuera del centro de los Juegos.
También hubo quejas con respecto al trato de los aficionados hacia los deportistas foráneos, pues el exceso de nacionalismo los llevó a silbar hasta en disciplinas que exigen bastante concentración como la esgrima o el clavados.
Igualmente fueron decepcionantes los recintos destinados al béisbol y el softbol por su pésimo drenaje, que obligó a postergaciones y dejó sin definir algunos partidos cruciales, por lo cual se entregaron dobles los bronces en la primera disciplina y las platas en la segunda.
Pasados algunos sobresaltos en los días iniciales (incluido el cobro a la prensa de la conexión a Internet), los organizadores corrigieron el tiro y cerraron bien en alto en una cita que para muchos recordó a unos Juegos Olímpicos.
De cualquier manera, para el futuro está prevista una reestructuración urbana que incluye al menos una estación de subterráneo nueva para mejorar la interconexión entre las instalaciones, al igual que una mejor seguridad aérea.
En el plano deportivo la nación sede estuvo como nunca y escaló al tercer peldaño, pero haciendo presión a Cuba hasta el final por el segundo, con notables mejorías en varios deportes, incluida una inédita cosecha en la natación.
Mucho de esto responde a una gran inversión con vistas al 2016, aunque el taekwondoca Diogo Silva no estaba entre los privilegiados y declaró: Para poder competir tuve que invertir todos mis ahorros y no le pude comprar un automóvil a mi madre como le había prometido.
Como de costumbre, los dos primeros puestos del medallero general no se movieron, con Estados Unidos en primer orden tras alcanzar 97 medallas de oro, 88 de plata y 52 de bronce, escoltada por Cuba (59-35-41) y Brasil (52-40-65).
De los cubanos vale decir que sufrieron más de la cuenta porque en el boxeo no aportaron medallas dos de sus principales figuras, quienes abandonaron la delegación en plenos Juegos.
Los estadounidenses dominaron numerosas disciplinas, entre ellas el tiro, donde se llevaron 10 de las 15 medallas de oro, la natación (21 de 34) y el boliche (cuatro de cuatro); sin embargo, por primera vez desde Chicago-1959 se fueron sin al menos 100 preseas áureas.
En tanto, Cuba dominó el atletismo, el boxeo, el voleibol femenino, el béisbol, la lucha, el judo y el remo, mientras los anfitriones dominaban en voleibol masculino, balonmano y voleibol de playa ambos sexos, baloncesto masculino y fútbol femenino.
Del resto de los países merece destaque el crecimiento de Colombia, que consolidó su avance desde la cita de Mar del Plata-1995, gracias a sus primeros puestos en levantamiento de pesas y ciclismo, en este último con figuras de primer nivel como Santiago Botero y José Serpa.
En total fueron mejorados más de un centenar de records panamericanos y 10 países terminaron sin medallas, aunque por cuarta vez consecutiva participaron los 42 miembros de la Organización Deportiva Panamericana (ODEPA).

LOS DESTACADOS

Pereira con su gran botín.
En primer lugar hay que mencionar al Rey de los Juegos, el nadador brasileño Thiago Pereira, quien se colgó ocho medallas, de ellas seis de oro, aunque luego no haya podido brillar en Campeonatos Mundiales ni Juegos Olímpicos.
Por su parte, el velocista César Cielo Filho disputó y ganó aquí solamente tres pruebas, pero al año siguiente celebró el título de los 50 libre en los Juegos Olímpicos de Beijing-2008, y desde entonces acumula otros seis cetros en Mundiales.
Entre las damas la mejor fue la gimnasta estadounidense Shawn Johnson, al sumar cinco medallas y de ellas cuatro de oro, total alcanzado también por sus compatriotas nadadoras Julia Smith y Kathleen Hersey.
Vale destacar también a las Leonas argentinas del hockey sobre césped, quienes sumaron en Río su sexto título panamericano, todos los entregados desde que se incluyó en el programa ese deporte para damas, en Indianápolis-1987.
Asimismo, por México se lució el canoísta Manuel Cortina, quien ganó el K-1 y K-2 a 500 metros y el K-2 a mil, y la clavadista Paola Espinosa, oro en trampolín individual y sincronizado y en la plataforma individual.
Párrafo aparte para la excepcional Ana Gabriela Guevara, quien repitió por tercera vez su coronación en los 400 metros planos, esta vez con su mejor crono en este tipo de lides, 50.34 segundos.
Igualmente sobresalió el marchista ecuatoriano Jefferson Pérez, quien alcanzó en la Cidade Maravilhosa, pero también con su mejor marca: una hora, 22 minutos y ocho segundos. su tercer trono panamericano, tras los alcanzados en Mar del Plata-1995 y Santo Domingo-2003.
Con festejos en tres citas consecutivas cerró además la brasileña Lucelia Ribeiro, ganadora nuevamente en la máxima división del kárate, y el tirador estadounidense Thomas Tamas, líder por tercera vez en el fusil, aunque su primer trono había sido más de 15 años atrás.
También volvió a ser noticia el esquiador canadiense Jaret Llewellyn, quien volvió a ganar las pruebas de figuras y saltos como había hecho en Winnipeg-1999 y llegó a siete oros continentales en cuatro incursiones.
Asimismo, en el tenis de mesa el brasileño Hugo Hoyama sumó su noveno oro desde La Habana-1991, a los cuales agrega una plata y cuatro bronces.
Por último, se destacó también la floretista venezolana Mariana González, tras alcanzar los cetros tanto individual como colectivamente, que sumados a la coronación de Rubén Limardo en la espada pusieron a esa nación entre las potencias de la región.
En fin, desaciertos aparte Río de Janeiro mostró el potencial que tiene Brasil tanto económico como deportivo, y dejó satisfechos a quienes pensaron en ellos para organizar el Mundial de fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

martes, 30 de agosto de 2011

El rey Héctor

Por Lemay Padrón Oliveros

Antes de él nadie lo había logrado, pero el cubano Héctor Milián había nacido para sentar pautas en la lucha grecorromana y por eso fue el primer tetracampeón panamericano en su deporte.
En Beijing como invitado especial.
   Debutó en citas continentales en la edición de Indianápolis-1987, donde derrotó al estadounidense Dennis Koslowski, el mismo ante quien ganó el cetro olímpico en Barcelona-1992, aunque en la primera ocasión lo venció con facilidad, siempre en la categoría de 100 kilogramos.
   En la capital cubana no podía defraudar a su público, y más aún siendo el máximo favorito. Otro estadounidense, James Johnson, fue su víctima en la pelea conclusiva, pero sumando todos los combates no toleró puntos en contra.
   Sus últimos cetros en este tipo de lides los alcanzó en Mar del Plata-1995 y Winnipeg-1999, en la justa canadiense en la división de 130 kilogramos, cuando no todos apostaban por él debido a su veteranía.
   En ambos casos venció por el oro también a gladiadores de Estados Unidos, los cuales han tenido una gran rivalidad con los cubanos tanto en libre como en greco, primero a Jerry Jackson, y luego a Dremiel Byers, quien sería campeón mundial tres años más tarde.
   Solamente dos luchadores poseen cuatro coronas panamericanas, y el otro también es cubano: el santiaguero Juan Luis Marén, quien dominó las citas de La Habana-1991, Mar del Plata-1995, Winnipeg-1999 y Santo Domingo-2003.

COMO UN REY

Dice el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua que, además de soberano, en sentido figurado Rey es el hombre que por su excelencia sobresale entre los demás de su género o categoría.
   Pues eso fue Milián de 1990 a 1992 en la lucha greco mundial: el dueño indiscutible de la división de 100 kilogramos.
   ”Esos fueron mis mejores tiempos, no perdía ningún combate y gané ampliamente los mundiales de esos años. Fui elegido el mejor atleta de Cuba en 1991 y tuve el honor de llevar la bandera en los Juegos Olímpicos de Barcelona-1992.
   “Lo de Rey vino porque yo era un especialista en lanzar suppleys (técnica de cinco puntos), y eso es lo máximo en la lucha greco. Esos fueron años irrepetibles y nunca olvidaré el orgullo de haber dado la primera medalla de oro olímpica para mi país después de 1980", confesó el multicampeón a este redactor en una entrevista.
   Sus inicios estuvieron ligados al atletismo, pero siempre le gustó la lucha y se puso a entrenar con Lorenzo Echevarría. Ganó un campeonato escolar, pero después se descarrió y por poco lo botan de la Escuela de Iniciación Deportiva Ormany Arenado, de su natal Pinar del Río.
   "Por suerte el jefe de cátedra, Fernando Aranda, confiaba en mí y metió fuerza para que me dejaran. Después no lo hice quedar mal y gané el 13-14; de ahí en adelante todo fue distinto", señala Héctor.
   Luego ganó el Mundial juvenil de Schifferstadt, Alemania en 1986 (90 kilogramos) y el de mayores en Varna-1991, donde lo eligieron el mejor luchador del año en el planeta.
   Después de los Juegos de Barcelona sus rodillas empezaron a darle problemas, le molestaban desde mucho antes y tuvo que operarse. A partir de ahí tuvo que mejorar otras técnicas de combate, porque no podía levantar como antes a otro luchador y proyectarlo con facilidad.
    Esto fue con mucho esfuerzo, pero el tiempo le daba experiencia y lograba marcar puntos de otras maneras.
   A la cita de Atlanta-1996 fue muy débil, porque tuvo que rebajar 26 kilogramos en poco tiempo. Había competido en los mundiales de 1994 y 1995 en los 130, pero a Atlanta fue en los 100 y le faltaba fuerza.
   Allí cayó en cuartos de final ante el polaco Andrei Wronski, dorado de Seúl-1988, y que se volvió a coronar.
   No obstante, demostró que no estaba acabado al obtener bronce en el Mundial de Polonia-1997 y plata en el de Atenas-1999, cediendo el oro nada menos que ante el luchador del siglo XX, el ruso Alexander Karelin, quien se mantuvo invicto por más de una década a todos los niveles.
   Tras los Juegos Olímpicos de Sydney-2000, en los que se fue sin medallas, decidió retirarse del deporte activo. Por sus notables resultados fue elegido el luchador del siglo XX en Cuba, distinción que lo llenó de orgullo.
   Su palmarés incluye además platas en los Mundiales de Tampere-1994 y Praga-1995, los cetros en las Copas del Mundo de Atenas-1988, Frederikstad, Noruega-1989, Gotemburgo-1990 y Besancon, Francia-1992, y en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Ponce-1993 y Maracaibo-1998.

jueves, 21 de julio de 2011

María Caridad Colón, reina de América

Por Lemay Padrón Oliveros

Solamente tres jabalinistas han podido ganar más de una vez en Juegos Panamericanos, y una de ellas es la cubana María Caridad Colón Ruenes, quien tuvo la posibilidad de alcanzar hasta cuatro medallas en este tipo de lides.
Cuando hacía sus pininos en su natal Baracoa, la primera Villa fundada por los colonialistas españoles en Cuba, mostró rápidamente sus condiciones para practicar deportes, especialmente los de lanzamiento, pese a no contar con un físico ideal para esta modalidad.
El tenis de mesa le robó un poco de tiempo en su niñez, pero se decantó definitivamente por la jabalina, y con ella obtuvo en 1974 su primera medalla: plata en los Juegos Deportivos Nacionales Escolares.
Así y todo algunos intentaron frenarla por el famoso esquema del somatotipo, y le aconsejaban un regreso al tenis de mesa o mudarse al ajedrez, pero el empeño de la chica fue superior, y poco a poco el tiempo le dio la razón.
Su primer gran triunfo llega en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Medellín-1978, cuando rompe el récord del área con un registro de 63 metros y 40 centímetros. Hasta ese momento había logrado en par de ocasiones la mejor marca mundial juvenil.
Un año después, durante los Juegos Panamericanos de San Juan, Puerto Rico, también hizo trizas la supremacía continental con un envío de 62.30 metros, con el cual se llevó la medalla de oro tras sacarle casi seis metros de ventaja a la ocupante del segundo puesto.
Sus siguientes Panamericanos, los de Caracas-1983, los enfrentó luego de haberse convertido en madre.
La cita venezolana la vio enviar el dardo hasta los 63 metros con 76 centímetros, suficientes para desplazar a su compatriota Mayra Vila (63.32) y a la anfitriona Marieta Riera (53.60).
Cuatro años más tarde mereció la presea de plata en Indianápolis-1987, al concluir con disparo de 61.66, por detrás de su colega Ivonne Leal, quien consiguió 63.70.
Quiso despedirse ante su afición en los Juegos de La Habana-1991 y tenía marcas como para incluirse en el equipo, pero los responsables de la elección no la escogieron, en lo que considera el momento más duro de su carrera.
Así perdió la posibilidad de lograr cuatro metales en Panamericanos, pues las ocupantes de los puestos dos y tres cerraron en la justa habanera con envíos por debajo de los 60 metros, una marca que siempre superó en las grandes competencias.
La única jabalinista que ha logrado tal permanencia en el podio continental es la bahamesa Laverne Eve, quien mereció dos subtítulos y dos terceros puestos, pero ningún oro, entre 1995 y 2007.

LA GLORIA OLÍMPICA

Sin embargo, el 25 de julio de 1980 es el día más importante en la trayectoria deportiva de María Caridad Colón, porque ese día entró en la historia del deporte mundial al convertirse en la primera mujer de Iberoamérica en coronarse en unos Juegos Olímpicos.
Con apenas 22 años muchos se sorprenden cuando en lo más alto del podio se coloca esta esbelta mulata, que enloqueció a medio mundo con sus encantos físicos, más allá de sus innatas dotes para el lanzamiento de la jabalina.
Pese a llegar con el trono panamericano de San Juan-1979, una persistente lesión en su espalda pretendió interponerse en su mayor sueño. No obstante, la Colón sigue al pie de la letra las indicaciones de los médicos: !Suéltalo todo en el primer intento!, le aconsejaron.
Y así mismo fue, en el estadio Lenin de Moscú la chica color chocolate claro tomó impulso y le puso todo el amor del mundo, toda la pasión y todo el sacrificio de años de entrenamiento en un solo disparo.
Varios segundos duró la espera, pero al final los jueces decretaron: 68.40 metros, nueva cota estival.
La marca era tan respetable que ninguna de las restantes finalistas, incluidas la alemana democrática Ruth Fuchs, titular de Munich-1972 y Montreal-1976 , y la soviética Tatiana Biryulina, vigente recordista del orbe, pudieron sobreponerse al golpe de efecto.
Llegó el último intento de sus contrarias y la guantanamera no pudo frenar su alegría: saltos, lágrimas y muchas sonrisas llenaron el principal escenario deportivo de esos Juegos.
Por primera vez una mujer de Iberoamérica subía a lo más alto del podio en ese tipo de lides, coincidentemente en el llamado Año Internacional de la Mujer.
Durante la conferencia de prensa no olvida la fecha en la cual consiguió su coronación: vísperas del 26 de julio, una fecha histórica para Cuba, cuando el asalto al cuartel Moncada marcó el inicio de la lucha armada que concluiría con el triunfo de la Revolución.
El ejemplo de la Colón no se quedó en sus hazañas personales, sino que sirvió de acicate para otra grande de la disciplina, Osleidis Menéndez, quien repitió su hito en Atenas-2004 y le agregó el perfume de un récord mundial.
Para más coincidencia, Menéndez, la otra doble monarca panamericana junto a la chilena Marlene Ahrens, también obtuvo su corona estival con su primer envío. Cosas que tiene la vida.
Tras su retiro del deporte activo, María Caridad Colón impartió clases en el Instituto Superior de Cultura Física Comandante Manuel Fajardo de la capital cubana, y actualmente se desempeña como funcionaria del Instituto Cubano de Deportes, en el área de Recreación.

sábado, 11 de junio de 2011

Garbey, primer tricampeón panamericano de boxeo

Por Lemay Padrón Oliveros


En una época donde sobraban buenos pugilistas en el mundo aficionado, el cubano Rolando Garbey sentó cátedra con su boxeo elegante, que lo convirtió en el primer tricampeón panamericano de la historia.
Nacido el 19 de noviembre de 1947 en Santiago de Cuba, provincia del oriente cubano, Garbey comenzó en el boxeo elite sobre 1965, cuando ocupó la segunda plaza en el Campeonato Nacional Playa Girón, derrotado por Andrés Molina.
No obstante, los técnicos le vieron todo el potencial que atesoraba y lo incluyeron desde entonces en la preselección nacional, con la cual participó en sus primeros Juegos Panamericanos, los de Winnipeg-1967.
Allí derrotó en sucesión al colombiano Juan Córdoba (RSC en el primero) y al mexicano Agustín Zaragoza (5-0), y en la final doblegó por nocaut en el segundo asalto al argentino Víctor Galíndez, quien posteriormente fue campeón mundial en el boxeo rentado.
Con el suyo, en la categoría de 71 kilogramos donde siempre compitió, Cuba sumó tres títulos en esa cita, más tres platas y un bronce, y por primera vez dominó el boxeo en ese tipo de lides, preponderancia que mantiene hasta la actualidad.
Volviendo a Garbey, sus 1.78 metros de estatura, su estilo erguido y de excelente esquiva y su ágil movimiento de piernas lo hicieron desde entonces un icono del pugilismo amateur.
Defendió con éxito su oro panamericano en Cali-1971, donde también paseó la distancia ante el puertorriqueño José Colón y el chileno Luis González, y en la pelea por la medalla de oro dispuso del mexicano Emeterio Villanueva.
Su último cetro en Juegos Panamericanos fue en México-1975, donde superó en semifinales por tercera vez en su carrera al venezolano Alfredo Lemus, actual entrenador principal de la escuadra suramericana.
Tanto a Lemus como a Villanueva los había eliminado también en el Mundial del año anterior.
En justa mexicana había dominado previamente al peruano Luis Lamadrid, y por la medalla de oro venció al canadiense Michel Prevost, para convertirse en el primer tricampeón panamericano de boxeo.
Posteriormente otros compatriotas se le sumaron con idéntico balance, como Orestes Solano, Julio González y Félix Savón, quienes completaron su tercer título dos décadas después.
Solano prevaleció en las citas de Caracas-1983, Indianápolis-1987 y La Habana-1991, en 71 kilos las dos primeras y en 81 la última, y González y Savón reinaron en Indianápolis-1987, La Habana-1991 y Mar del Plata-1995 en las divisiones de 60 y 91 kilos, respectivamente.

PIONERO TAMBIÉN EN JUEGOS OLÍMPICOS

Pero si en Panamericanos Garbey tuvo una primicia, otro tanto tuvo en Juegos Olímpicos, pues fue el primer medallista del boxeo cubano bajo los cinco aros, honor compartido con Enrique Regüeiferos, pues ambos aseguraron su pase a semifinales en la misma fecha.
Para el púgil santiaguero la plata conseguida en México-1968 es su principal resultado, porque lo convirtió en el primer medallista olímpico y además la logró sin llevar un pronóstico, cuando tenía apenas 20 años.
En la Arena Olímpica de la capital mexicana solamente cedió en la final ante el soviético Boris Lagutin, campeón de Tokío-1964 y bronce en Roma-1960, quien le sacaba muchísima experiencia de ventaja.
Cuatro años más tarde cayó en cuartos de final frente al polaco Wieslaw Rudkowski, pero alcanzó bronce en Montreal-1976 , ya a punto de colgar los guantes, tras caer ante el yugoslavo Tadija Kacar, luego de ganar antes del límite sus tres anteriores choques.
Su palmarés incluyó también el título del orbe de los 71 kilogramos en el primer Campeonato Mundial, el de La Habana-1974, y los de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Panamá-1970 y Santo Domingo-1974.
Tras su retiro a finales de la década de los años 70, el también tres veces campeón nacional de Cuba se convirtió en entrenador, y actualmente es miembro del colectivo técnico de la principal escuadra antillana, donde trasmite su sapiencia entre las 12 cuerdas.