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jueves, 19 de noviembre de 2015

Premier



Por Lemay Padrón Oliveros

Afectado por la ausencia a última hora de México, el Premier 12 ha nacido enfermo. Si no bastara el hecho de que no contará con los mejores peloteros del mundo, ahora tampoco puede presumir de tener a los mejores equipos del ranking mundial, lo que fue su premisa.
Con las Grandes Ligas mirando el torneo por encima del hombro es muy difícil que la calidad sea lo fundamental. Si no han logrado que el ciento por ciento de los mejores peloteros del planeta acudan a los Clásicos Mundiales, sería pedir mucho que el Premier contara con un gran caché.
Solamente los equipos de Asia, sin sus talentos de la MLB, han presentado nóminas poderosas, con varios jugadores que han brillado en sus Ligas domésticas. Holanda también cuenta con gran parte de sus mejores armas, pero salvo a Cuba, no le inspiran temor a más nadie.
En el caso nuestro, se armó un equipo balanceado, con casi todo lo que más brilla en estos momentos, a pesar de algunas ausencias y la presencia de brazos no del todo confiables en la nómina.
Pudiera pensarse que todo está sobre la mesa para regresar a una final, pero la tendencia a la baja de la Serie Nacional malacostumbra a los peloteros cubanos, y se ven en aprietos, sobre todo cuando deben enfrentar a serpentineros supersónicos, como se demostró en el primer duelo amistoso con Surcorea.
Este jueves se logró la victoria, pero en un torneo corto no hay chance para el día siguiente, los juegos son de vida o muerte y si los ajustes no se realizan en el momento oportuno, dices adiós antes de tiempo.
Lo mejor que pudiera sucederle a este Premier 12, es que a la final llegara Japón contra Cuba o alguna de las otras dos nóminas asiáticas, porque un fracaso nipón se me antoja lápida demasiado pesada para la Federación Internacional de la disciplina, que ha debido “virarse” hacia la tierra del Sol Naciente al ser ignorada por la MLB. De naufragar de manera inesperada la nave de los samuráis, es muy probable que el Premier 12 quede apenas como una anécdota.
Aquí queremos que gane Cuba, pero deberíamos también enviar buenas vibras a Japón, para que este torneo se establezca y no haya que esperar un cuatrienio para ver buen béisbol de selecciones.

viernes, 13 de noviembre de 2015

¿Cuándo ubicar la Serie Nacional?

Por Lemay Padrón Oliveros 

El debate sobre la venidera estructura de la Serie Nacional de béisbol sigue abierto, y quizás más vivo que nunca. No obstante, he escuchado pocas referencias a la fecha de realización del torneo, que probablemente cambie para permitir las contrataciones en el exterior.
Se trata de un asunto peliagudo, porque por un lado están las Ligas del Caribe, que son invernales y se juegan entre noviembre y febrero, y por el otro las Grandes Ligas y sus similares de Asia, que transcurren de marzo a octubre. Evidentemente, no se puede quedar a tono con las dos.
De entrada, hay que tomar una decisión sobre si los contratados juegan o no en Cuba, y al parecer se está empezando a aceptar la idea de que no lo hagan, como dejó entrever el otro día el Comisionado Nacional, Heriberto Suárez.
Se refirió específicamente a los casos de Michel Enríquez (México) y Alfredo Despaigne (Japón), y aunque no generalizó, todo parece indicar que se pretende liberar a esos peloteros de sus compromisos domésticos para que se concentren en esos clubes y en los torneos oficiales del equipo nacional. De esa manera mantienen la fidelidad a los contratos firmados y al conjunto tricolor, y a la vez disfrutan de un descanso inviolable para que puedan rendir.
Lo único que no me gusta de esto, y lo he expresado anteriormente, es que estén “de cañón” en el equipo nacional. Si no están rindiendo (a veces ni jugando) en esos clubes, y los técnicos no los ven en entrenamientos, porque no siempre van a poder llegar con el tiempo necesario para prepararse, ¿por qué ocupar el lugar de otro que puede estar desforrando pelotas en Cuba o dominando a su antojo desde la lomita? Además, hoy son menos de 10 los contratados, pero en el futuro pudieran ser más, y entonces ya la selección estaría hecha con antelación, sin opciones para quienes estén rindiendo aquí.
Volviendo al calendario, me parece que lo primordial es moldearlo en dependencia de los compromisos internacionales, y no tanto las Ligas, porque, por una parte, es innecesario subordinarlo a ellas si en definitiva no jugarían los contratados, y por otra, coyunturalmente ahora la MLB autorizó la incorporación de cubanos en el Caribe, pero, ¿y si cambian de idea el año que viene, como ya pasó cuando Despaigne se vio envuelto en los manejos turbios de los Piratas de Campeche?
Salvo que aparezca otro certamen, hasta ahora para Cuba las prioridades son la Serie del Caribe (febrero), el Clásico (marzo), el Super 12 (noviembre), y Centroamericanos y Panamericanos (julio y agosto). Son esos los meses que deben estar marcados en rojo para cualquier calendario, y algún otro que de los certámenes mencionados se traslade por solicitud de la sede, por eso las fechas probablemente no sean fijas año tras año. Tanto la Nacional como el torneo Elite deben acomodarse en esos periodos de tiempo restantes.

martes, 10 de noviembre de 2015

La vuelta de Víctor

Por Lemay Padrón Oliveros 

Estaba esperando que se calmaran un poco los ánimos para opinar sobre el regreso de Víctor Mesa a la dirección del equipo Cuba de béisbol. Sí, porque como nunca antes hay más debate en los últimos años sobre quién toma las riendas de la selección nacional, que la integración del conjunto.
Eso lo da la presencia del polémico manager villaclareño, capaz de lo mejor y de lo peor, sobre todo fuera del terreno de juego, y por eso divide las opiniones como pocas veces ha sucedido con respecto al director del equipo Cuba.
Hace unos meses escribí sobre el fin de una era, porque eso parecía cuando aparentemente se echó por tierra la designación del actual técnico matancero por cuatro años al frente del Cuba, para mandar al Roger Machado a los Panamericanos de Toronto-2015. Sin embargo, ahora se vuelve a dar marcha atrás.
No voy a entrar en méritos y deméritos de cada uno, porque los aficionados los conocen al dedillo, tanto los ocurridos dentro del diamante como fuera, pero sí quisiera hacer notar el hecho de que nos hemos quedado casi sin opciones.
Salvo ellos dos, en estos momentos no hay otro candidato al puesto a no ser Carlos Martí, con amplia experiencia en estas funciones, e incluso al frente de selecciones nacionales de categorías inferiores, pero todavía pendiente de un gran resultado a nivel doméstico con Granma.
El resto lleva poco tiempo en estas funciones, y sería demasiado arriesgado otorgarles esa gran responsabilidad. Entonces, ¿cómo quedamos? Pues muy mal parados, porque si ninguna de las dos opciones viables convence a la mayoría nos encomendamos a esperar lo que suceda en cada torneo, y eso muchas veces es engañoso.
Pongo como ejemplo precisamente a los dos candidatos manejados. El quinto puesto del Clásico Mundial no es halagüeño, pero se debió a un octavo inning fatídico, y el tercero de Toronto, por el estilo. En ambos casos se pudiera alegar que hay responsabilidad de los mentores, pero al final son situaciones puntuales, que de terminar de manera favorable para Cuba, pocos hubiesen cuestionado.
Lo que sí es cuestionable es el comportamiento de ambos en determinados momentos, sobre todo a nivel doméstico, porque dirigir el Cuba no es solamente salir a buscar títulos (u otras posiciones, que es para lo que hemos quedado últimamente), sino también dar una buena imagen, ser ejemplo como educador, y un caballero dentro y fuera de los diamantes. Hay que estar en ese pellejo para sentir la presión sobre los hombros, pero también hay que saber sobrellevarla de manera digna. Mientras esperamos que alguien más se suba al tren de candidatos espero que ambos hayan aprendido la lección, porque nadie es intocable ni infalible.

sábado, 10 de mayo de 2014

Urquiola, ¿premiado o escrutado?


Por Lemay Padrón Oliveros

Fui uno de los grandes sorprendidos con el anuncio de que Alfonso Urquiola será el manager del equipo Cuba en el próximo tope contra Estados Unidos.
Por supuesto, no sorprendido porque no lo merezca; en estas mismas páginas he planteado más de una vez mi admiración por quien considero uno de los mejores directores de los últimos 20 años. Además, el título conquistado con Pinar del Río, al que pocos daban como favorito al trono antes de iniciarse las hostilidades salvo por su propia presencia en el timón de mando, es aval más que suficiente para pensar en él.
Sin embargo, esta nominación no sé bien si es un premio o una “papa caliente” que le han soltado a Urquiola para luego someterlo al escrutinio público.
Recordemos que el año pasado nuestro equipo nacional no fue capaz de ganar ni uno de los cinco encuentros celebrados en suelo norteamericano contra el equipo norteño, básicamente sub-23.
Ahora de entrada se le pone al mentor pinareño la camisa de fuerza de que lidiará en igualdad de condiciones con los estadounidenses, es decir, con un grupo formado en su gran mayoría con peloteros menores de 25 años, con perspectivas de integrar la escuadra cubana al Clásico Mundial de 2017.
Claro, peor que el pasado año no lo puede hacer, salvo que perdiera por nocaut todos los desafíos, lo cual considero lógicamente imposible, pero de cualquier manera esto me sabe a castigo, más que a premio.
De entrada, no se dijo si una buena actuación en este tope serviría para hacerse cargo con la selección absoluta, que hasta donde se ha declarado públicamente tiene dueño fijo hasta 2017, y este es Víctor Mesa.
Por tanto, no entiendo mucho este cambio. En definitiva, quien va a dirigir en el Clásico de 2017 es precisamente quien debe seleccionar sus talentos con perspectivas, e intentar ir compenetrándose con ellos en el tiempo que resta para el torneo, y no someterlos a otra disciplina y metodología para luego jugar de otra manera a la hora cero.
Urquiola tendrá, porque se lo ganó, el derecho a dirigir a la nómina cubana en la venidera Serie del Caribe, ¿o será que esto es precisamente para luego llevar al equipo nacional a la Serie, y por ende bajo las órdenes de Víctor Mesa? Mejor no pensar en eso, aunque la Comisión Nacional se pudo haber ahorrado las especulaciones con una respuesta clara a las interrogantes de la prensa.

jueves, 6 de febrero de 2014

Mejor que no hubiera espejismo

Por Lemay Padrón Oliveros 

Buena parte de Cuba estuvo pendiente del encuentro entre Indios de Mayagüez y Navegantes de Magallanes para saber si en definitiva Villa Clara avanzaba a semifinales de la Serie del Caribe, pero al final los puertorriqueños se llevaron el boleto ante unos venezolanos que hicieron bien poco por la victoria.
Hubiera sido lindo ver a la tropa naranja luchando en semifinales, pero a la vez peligroso, porque es irreal que estuviera entre los cuatro mejores equipos del torneo.
Lo lamento de verdad por los campeones de Cuba, pero no mostraron la calidad necesaria como para avanzar a la segunda fase, y a la pelota cubana le hubiera hecho más daño que beneficio verlos llegar a trompicones a la semifinal.
Como mismo me parece que el segundo lugar de Cuba en el I Clásico Mundial nos hizo más mal que bien a la larga, al tapar el bosque de ineficiencias con el árbol de la heroicidad hecha por ese plantel, ahora se nos hubiera nublado la vista si Villa Clara se colaba en semifinales de la Serie del Caribe, y quién sabe si un poco más allá, porque en un partido podía pasar cualquier cosa.
La realidad, querámoslo o no, es que no estamos a ese nivel. Se han hecho las cosas mal por años desde la base hasta la cúspide de la pirámide, desde los niños que no tienen los implementos necesarios para jugar todo el año en todos los rincones del país, hasta las Series Provinciales que se recortan por falta de pelotas, o las Nacionales donde los errores mentales campean por su respeto.
Claro que tenemos el material para trabajar y ser nuevamente los reyes del Caribe, pero se necesitan los cambios que a gritos hemos pedido población y periodistas desde hace ya unos cuantos años.
No se concibe que los peloteros lleguen a las Series Nacionales, e incluso al equipo Cuba, con deficiencias técnicas contenidas en el ABC de la pelota, o que los mentores manejen el pitcheo sin estrategia ni roles definidos, o que los campeonatos de las categorías inferiores se celebren en 15 días. Jugando constantemente es como todo el mundo interiorizará qué hacer en cada momento de un partido.
Sí, hubiera sido lindo ver a Villa Clara todavía con vida, pero al menos a mí me gusta ver mis defectos ante el espejo para poderlos remediar, en vez de autocomplacerme con la idílica imagen que me puede regalar un espejismo.

domingo, 2 de febrero de 2014

Villa Clara, por supuesto que se puede

Por Lemay Padrón Oliveros

Con los refuerzos pedidos por Ramón Moré, Villa Clara está en condiciones de hacer un muy buen papel en la venidera Serie del Caribe de béisbol.
Se trata de un torneo de estreno para todos los cubanos de hoy, con una calidad por encima de la de nuestras Series Nacionales, y superado quizás solamente por los Clásicos Mundiales, pero el conjunto villaclareño reúne en sus filas la experiencia y la juventud mezcladas muy bien.
Esta amalgama debe rendir sus frutos, porque los naranjas podrán presentar una alineación sólida, con hombres ya maduros en sus respectivas responsabilidades, y que en su mayoría han jugado juntos en los últimos años.
Desde la lomita contarán con una garantía como Freddy Asiel Álvarez, escoltado por Norge Luis Ruiz e Ismel Jiménez como abridores estelares, y buenos relevistas como Jonder Martínez, Vicyohandry Odelín, y el resto del staff de los campeones nacionales.
Todavía no se conoce a cabalidad los rivales (falta el equipo de México y definir los refuerzos de todos), y esto puede ser una desventaja, pero sean quienes sean, Villa Clara no les quedará corto.
Sobre los refuerzos hay algunos criterios en contra por el aquello de reconocer a quienes conquistaron el banderín hace unos meses, pero ahora se trata de Cuba, y no podemos ir a perder. Además, la delegación cubana viajará en un vuelo charter, y eso permite que puedan ir todos los villaclareños “originales”, aunque no estén en la nómina oficial, y eso de por sí es un gran estímulo para ellos.
El listón está bien alto para la tropa anaranjada, porque Cuba brilló siempre en las Series del Caribe, ya fuera con Almendares, Habana, Cienfuegos o Marianao, pero como sucede con el equipo Cuba, esto no debiera ser un obstáculo para desarrollar un juego alegre y lograr que los peloteros se diviertan.
Igualmente, todos los inconvenientes para lograr la participación cubana debieran ser un acicate para hacerlo mucho mejor, como para demostrar que con la mayor de las Antillas hay que contar siempre que se hable de béisbol.
En estos momentos se pulen detalles en la grama del latinoamericano, pero yo al menos no tengo dudas de que se puede hacer un buen papel. Esperemos para ver cómo salen las cosas, porque ya lo dijo quien lo dijo: la pelota es redonda, pero viene en cajas cuadradas.

sábado, 4 de enero de 2014

Fructífero año “flojo”

Por Lemay Padrón Oliveros 

Tradicionalmente los años siguientes a los de unos Juegos Olímpicos eran denominados “flojos”, sabáticos. Se denominaban así porque generalmente propiciaban un cambio generacional, y se daba descanso a quienes hicieron un gran esfuerzo en el cuatrienio anterior, y por lo general tenían pocas competiciones internacionales de relevancia. Sin embargo, la tendencia se ha cambiado últimamente con la llegada de los Clásicos Mundiales de Béisbol, y ahora con la Serie Mundial de Boxeo, dos eventos muy importantes para el deporte cubano, precisamente en las dos disciplinas que más arraigo y tradición tienen en el verde caimán. El 2013 arrancó de manera triste para Cuba con la temprana eliminación en el Clásico, luego de protagonizar en Japón una buena etapa clasificatoria, al tropezar dos veces con Holanda.
Logros y decepciones de menor importancia fueron acumulándose en los meses subsiguientes, incluyendo las paupérrimas actuaciones de los equipos de voleibol tanto en la Liga Mundial como en el Grand Prix, y la soberbia demostración del ajedrecista Leinier Domínguez en Salónica.
Hasta que llegó una de las grandes alegrías de la temporada: el segundo lugar de Cuba en el Mundial de taekwondo, con par de monarcas incluidos; sin dudas uno de los mejores momentos deportivos del país. Llegó entonces el otro evento grande de la campaña, el Mundial de atletismo, pero allí las cosas no salieron como quisiéramos, pese a reconocer el altísimo nivel de la competición.
El ego colectivo subió un poco con el judo y las coronaciones de Asley González e Idalis Ortiz, matizadas por el nada despreciable hecho de haberlas podido disfrutar en vivo por televisión, experiencia que solamente se pudo apreciar con estos dos eventos, porque los demás, o fueron vistos parcialmente en directo, o de manera diferida.
La otra alegría grande la trajo el boxeo, pues luego de quedar nuevamente a las puertas del trono en el certamen del orbe organizado en Kazajstán, con otros dos oros planetarios sumados en la campaña, llegó a su clímax con la brillante actuación en el debut en la Serie Mundial.
Mención aparte en este sentido para el gran espectáculo de pueblo que fue el tope ante Rusia en la Ciudad Deportiva, aunque el reciente fallecimiento del líder surafricano Nelson Mandela obligara a reducir a la mínima expresión el show preparado para hacer las delicias de los reunidos en el colosal recinto y los televidentes.
Fuera de los escenarios competitivos hubo otro motivo de festejo: la nueva legislación sobre el pago en el deporte y las políticas de contratación en el extranjero, que aunque no se pondrá en vigor hasta dentro de unos días, llenó de esperanza a todo el mundillo de la actividad del músculo.
Como se ve, hubo de todo en este 2013, así que de “flojo” nada, yo al menos lo vi muy fructífero.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Béisbol olímpico, ¿a toda costa?

Por Lemay Padrón Oliveros 

Confieso que quedé bastante preocupado luego de una conversación informal con el presidente de la Federación Internacional de Béisbol (IBAF), el italiano Ricardo Fraccari, en la cual se abordó el tema del regreso de esta disciplina a los Juegos Olímpicos.
No es por el hecho en sí, que aparentemente es posible, ni por lo que está realizando la IBAF para conseguirlo, también plausible, sino porque me da la impresión de que para llegar a la meta no se tienen bien claros los límites. Me explico.
A una pregunta sobre aquella idea de reducir los juegos de pelota a siete innings, con solamente dos strikes y tres bolas, con el objetivo de acortar el tiempo de juego, Fraccari me sorprendió al dejar entrever que no se ha desechado.
El béisbol es el más estático de los deportes, el más reacio a los cambios, debemos dejar de jugar para nosotros y modernizar el deporte, etc. Fueron esas más o menos las ideas expuestas por el titular del organismo, y yo me pregunto: ¿Acaso para volver a los Juegos Olímpicos hace falta jugar a otra cosa que no sea pelota?
Sí, porque estos no son cambios como los propuestos por el voleibol, que no traicionaban su esencia, sino todo lo contrario, lo volvían más dinámico y lograron que la bola estuviera en juego cada vez más tiempo.
Algo similar fue la regla Schiller, muy criticada, pero útil para poner fin a desafíos interminables, sin violentar demasiado los principios del béisbol; pero una cosa es poner en práctica algo que sirve para reducir el tiempo de juego sin perder el ABC, y otra muy distinta es transformar la naturaleza propia de la disciplina.
Creo que la IBAF va por el camino correcto en cuanto a su estrategia de unirse con el softbol para hacerse más diverso genéricamente, en llevar el deporte a todos los rincones del mundo, en sumar a todas las Ligas del planeta en este empeño, y en introducir algún que otro cambio en sus reglas, pero bueno es lo bueno, no lo demasiado.
Reitero, esto es solamente una preocupación personal, oficialmente Fraccari no dijo que se volvería a lanzar la idea, pero no necesité que me lo dijera explícitamente para saber que estaría dispuesto a todo para regresar al concierto olímpico. Miren, si es así, prefiero que sigamos teniendo como máximo espectáculo los Clásicos y nos olvidemos de las Olimpiadas.

martes, 16 de julio de 2013

El caso Robles: una llaga en la actualidad deportiva cubana

Por Lemay Padrón Oliveros 

Dimes y diretes van y vienen, con quejas de ambos lados, en una marasma donde parece haber razón de ambos lados y es muy difícil dilucidar quién está equivocado.
Dayron Robles dice que no le dieron todo lo que merecía, y las autoridades deportivas dicen que sí.
Vale la pena en primer lugar ver qué es lo que merecía. Teóricamente se lo merece todo, y eso lo reconocen hasta los directivos del deporte cubano, pero estamos en Cuba, y el prisma no puede ser igual que en otro país.
Los tentáculos del bloqueo llegan a la esfera atlética, y complejizan sobremanera el aspecto económico; no por gusto todavía nuestros peloteros no han cobrado los emolumentos correspondientes al II y III Clásico Mundial, y el voleibol apenas hace unas semanas vio llegar los más de 500 mil dólares pendientes de torneos anteriores. Los entretelones para la llegada de estos premios bien merecen una telenovela, según los federativos involucrados en las gestiones, quienes prefirieron no develar detalles para no perjudicar futuras transferencias.
Si el dinero no nos llega a nuestras manos, no podemos pagarles a los atletas, dijo a la prensa Norge Marrero, director de Alto Rendimiento del Instituto cubano de deportes (Inder), y esto tiene todo el sentido común del mundo.
Dicho esto, resulta entonces comprensible que se retrase el pago a los deportistas, y en el 90 por ciento de los casos, para no ser absolutos, ellos lo saben.
Volvemos ahora a Dayron. Es verdad que con sus resultados (excelentes) ganó muchas competencias, y por ende premios en metálico, pero también es verdad que en primer lugar, no pagó un centavo por llegar adonde llegó, y en segundo lugar, poseía más que otros con similar rango.
Claro, lo ideal es que él y todos los demás tengan lo que merecen, pero no siempre se puede.
Es comprensible su enojo inicial al sentirse menospreciado, pero de ahí a mentir sobre sus lesiones, sobre su pedido de retiro o su “desentrenamiento” no tiene razón de ser. No estoy en sus zapatos para evaluar si se justifica o no su ruptura inicial con el deporte cubano, pero no me gustaron los métodos.
Quienes lo hemos defendido como atleta en todos estos años tenemos razones para sentirnos burlados sobre si Dayron entregó todo de sí en las últimas apariciones con las cuatro letras. De ahí que sea diferente su caso, y la Federación cubana sea más dura, al punto de no querer dejarlo competir ni siquiera por un club privado.
En cuanto a la prensa, se ha tratado de un caso similar al de Yuliesky Gourriel (salvando las distancias) en cuanto al trato de los aficionados, porque los profesionales de los medios no hemos dejado de defenderlos de los mil y un improperios lanzados en su contra.
Me vienen a la mente ahora las cruzadas para intentar justificar sus tirones contra el chino Liu Xiang en la final mundialista, o su lesión en Londres-2012. Por cierto, aparentemente ahora no le duele nada, cuando en el cuatrienio anterior no salía de una para entrar en otra. Este culebrón parece lejos de terminar, y faltan argumentos del corredor, pero todo parece indicar que para competir al máximo nivel deberá esperar a Río-2016.

viernes, 31 de mayo de 2013

Cuba se divide entre pelota y lucha

Por Lemay Padrón Oliveros 

Felicidad por un lado, tristeza por otro. Ese es el balance luego de la decisión del Comité Olímpico Internacional (COI) de avalar a la lucha y al béisbol/softbol junto al squash para seguir optando por un puesto en el calendario oficial de los Juegos de 2020.
La afición cubana puede estar alegre porque tanto la lucha como el béisbol han dado glorias a la mayor de las Antillas y se merecen un espacio en el contexto estival, pero tristes porque habrá que decidir entre una de las dos.
Pues sí, solamente un cupo hay para completar el programa, y en Buenos Aires en septiembre se sabrá cuál de estas tres Federaciones se lleva el gato al agua.
La pelota es la pasión nacional, eso nadie lo duda, pero en la esfera internacional tiene demasiadas deudas como para poder convencer al COI de “montarla en su tren”.
La lucha, por su parte, no tiene gran arraigo popular pese a ser la única disciplina capaz de aportar oros a nuestras delegaciones olímpicas de manera ininterrumpida desde Barcelona-1992, pero extrafronteras es uno de los pesos pesados del Olimpismo, de las pocas disciplinas que se practicaron en los Juegos Antiguos y siguen en los Modernos.
Su gran talón de Aquiles es la complejidad de sus reglas, a veces demasiado enrevesadas para el espectador común, ese mismo al que el COI quiere llegarle al corazón, y de paso a los bolsillos.
A muchos nos pareció que el aparente halón de orejas al deporte de los agarres era una estratagema para no darle espacio a ninguna nueva disciplina, pero de eso solamente tendremos constancia luego del Congreso 125 del COI.
El béisbol ha mostrado ganas en serio de subir la parada, con esa asociación emergente con el softbol y el III Clásico Mundial como botón de muestra, aunque sigue siendo muy difícil su triunfo en las boletas, al igual que el squash, mucho menos universal. 
De todas maneras, nada se sabrá hasta septiembre, y en todos estos meses estarán en ascuas los directivos de estas modalidades, pero sobre todo de la lucha, que no se perdonaría abandonar el concierto estival.

jueves, 21 de marzo de 2013

Sonrisas de Clásico

Por  Lemay Padrón Oliveros



Salvo contadas excepciones, casi siempre asociadas a determinados momentos del partido, durante el III Clásico Mundial de béisbol la sonrisa primaba en los rostros de los peloteros , que mostraban su alegría por compartir camerino con sus compatriotas y defender los colores de su bandera.
 Pero qué difícil era ver la sonrisa en los rostros de los cubanos, sacando los momentos de dar un imparable, anotar una carrera o sacar un out importante. Vuelvo al tema porque no es lo mismo entregarse por la camiseta que disfrutar el juego, y pareciera que esto está reñido en las selecciones cubanas.
No les pido que se rían a carcajadas mientras les están dando nocaut, pero cuando los desafíos están cerrados, con chances para los dos equipos, es tensión lo que se ve en las caras de los nuestros, y relajamiento en las de los rivales.
 Dicen que los cubanos nos tomamos todo a la tremenda, pero reitero lo que escribí en un trabajo anterior: no nos va la vida en un torneo de béisbol, se trata de un juego, y como tal debe ser asumido, sin olvidar el compromiso de hacerlo lo mejor posible.
 Sé que la frase de “¡Salgan a disfrutar!” se dice en el banco, pero si luego cuando alguien se equivoca llueven los reproches, verbales o no, la exhortación inicial queda en palabra muerta.
 La exigencia tiene que existir, y en todas las edades, pero en su justa medida, porque el deporte de alto rendimiento exige sobre todo concentración, y esa no se puede alcanzar si en un segundo al atleta le pasan por la cabeza demasiadas preocupaciones. En vez de pensar “¿Y si lo hago mal?”, en su mente debe estar “¿Y ahora qué hago si pasa esto o aquello?”
 Entre las cosas que más me gustaron de la final caribeña fue que llegaron a la discusión del trono precisamente dos de los equipos más distendidos. Cometieron errores, como todo el mundo, pero nadie les robaba la alegría, e incluso derrochaban muestras de camaradería con algunos rivales, fueran o no conocidos de su trayectoria profesional.
 Eso de que en el terreno somos enemigos a veces se toma al pie de la letra, y los resultados casi nunca son buenos. Interioricemos de que se trata de un juego, y por favor, recuperemos la sonrisa.

sábado, 16 de marzo de 2013

La mentalidad de Víctor Mesa hace falta


Por Lemay Padrón Oliveros

Sé que muchos lo culpan por la derrota en Japón, pero decir eso sería quedarse en la epidermis, en lo más alto de la pirámide, y olvidar todo lo que se hace mal desde allá arriba hasta los cimientos.
Lo que pedía Víctor Mesa lo necesita el béisbol cubano: explotar al máximo todas las posibilidades de anotar carreras, funcionar como una maquinaria defensivamente, y pensar tácticamente sobre la lomita de los suspiros.
Todo eso falla en todas las categorías, en mayor o menor medida, y no basta con que nos empecinemos en poner a tocar, robar o batear por detrás del corredor a alguien que casi nunca lo hace.
Pero lo más lamentable sería que por cargar contra el emisario nos olvidemos del mensaje, y ese está ahí bien claro y contundente como el Capitolio: hay que arreglar el edificio desde sus cimientos, y para eso debe haber muchos Víctor Mesa en las categorías inferiores, no para formar berrinches y regañar a los peloteros, de esos ojalá solamente haya uno, pero sí para exigir hasta la saciedad que las cosas (todas) se hagan bien.
La falta de rigor en edades tempranas y en la propia Serie Nacional se paga luego en las competencias internacionales, y esto no cuesta millones, sino sacrificio y consagración. Para no arreglar los terrenos, las condiciones de vida de los peloteros y los estadios, poner los implementos al alcance de todos y hasta mandar jugadores a otras Ligas pueden surgir justificaciones económicas, pero no para esto, que se resuelve con un poco de estímulo a la labor de quienes trabajan en el béisbol desde la base.
De nada vale cambiar la estructura de nuestro principal torneo si las mentalidades siguen siendo igual, igual para abusar del toque de bola, igual para poner a un pitcher lo mismo a abrir que a relevar, o igual para soslayar a quienes lo hacen bien y potenciar a los “míos”.
De Víctor me quedo con su celo porque todo se haga a la perfección, y sobre todo porque logró cambiar algunas mentalidades al más alto nivel en cuanto a la necesidad de llamar a quien rinda o foguearnos con los mejores, aunque haya sido mínimamente. Sería terrible para el béisbol cubano que por haber perdido olvidemos las cosas positivas que a la larga pueden rescatar nuestra pelota.