Tantos
años siguiendo la pelota cubana me hicieron enseguida sonreírme burlonamente
cuando directivos del más alto nivel dijeron que el manejo del pitcheo en
El
reclamo no es viejo, y cuenta con toda la lógica del mundo, pero la realidad es
mucho más compleja que la teoría.
Con tan
maltrechos cuerpos de serpentineros en todo el país es prácticamente imposible
exigir a un manager que respete la lógica beisbolera, porque su puesto depende
en gran medida de los resultados; por tanto, debe conseguirlos a toda costa.
De nada
le vale a un equipo haber sacado ventaja en las primeras entradas si en las
postrimerías le empatan el juego: en ese momento hay que asegurar la victoria,
y más aún en un campeonato corto como el presente, donde una sola derrota puede
ser la diferencia entre jugar 90 partidos o 45.
Recientemente
escuché que para la Liga
de Desarrollo sí se va a normar EN BLANCO Y NEGRO el trabajo desde la lomita, y
me parece bien. Este es un certamen donde lo más importante es que los
peloteros ganen habilidades y perfeccionen su accionar desde todo sentido, no
está sujeto estrictamente a resultados aunque haya finalistas y campeones
porque nadie “subirá” de ahí a la máxima categoría.
Como
mismo es lógico defender la especialización del pitcheo, hay que entender la
realidad de nuestra pelota, y no hay para tanto. Cada provincia quiere ganar, y
si para eso tiene que utilizar de manera libérrima las armas en su poder, es
legítimo también.
Después de todo, si a escala doméstica los monticulistas no
brillan en demasía no es porque no estén especializados, sino porque no piensan
adecuadamente cuando están sobre la loma de los suspiros, y con problemas de este
tipo hay abridores, relevistas intermedios y cerradores.
Claro, lo
ideal es que cada cual asuma su rol y lo mantenga durante toda la Serie , pero la esencia del
béisbol es ganar juegos y cada cual va en pos de la victoria como puede.


