Por Lemay Padrón Oliveros
Finalizó
oficialmente la aventura cubana rumbo al Mundial de fútbol de Brasil-2014 y el
cierre dejó en la cancha habanera del Pedro Marrero la mejor imagen de la campaña.
Un gol
anotado, el único en los seis partidos efectuados, aunque sin la victoria, se
antoja bastante poco saldo para el plantel, pero debemos recordar lo lejos que
estamos del primer nivel en nuestra área geográfica, y si a esto sumamos los
problemas internos entonces es más comprensible el resultado.
Hablemos
claro, el fútbol cubano está mal. No solamente porque nuestros vecinos nos
lleven amplia ventaja técnica y táctica, sino porque en Cuba no tiene el
respaldo que debiera en la base.
De nada
sirve llenar las pantallas de la televisión con el mejor espectáculo del
planeta si luego cuando los niños van a practicar no hay balones, o deben
desplazarse a otros territorios para topar por sus medios, sin un adecuado
transporte ni merienda.
Si en
nuestro Campeonato Nacional, el evento elite, se han suspendido encuentros por
problemas de este tipo, ¿qué se puede esperar para los barrios y poblados, de
donde salen las figuras del seleccionado principal?
Muchas de
estas situaciones están detrás de las deserciones y los “retiros” de
integrantes del equipo mayor, decepcionados por dedicar tantas horas a la
práctica de una dura disciplina sin el respectivo respaldo, que va desde la
alimentación hasta un transporte cómodo para moverse entre territorios y una cama
agradable donde reposar sus huesos.
Ahora el
técnico Alexander González arrancará nuevamente de cero, si lo dejan continuar
su trabajo, y lo bueno de esto es que moldeará el conjunto a sus objetivos
específicos tanto ofensiva como defensivamente.
El tanto
ante Panamá fue celebrado con mucha euforia, como si en él nos fuera la
clasificación, porque Cuba se jugaba otra cosa, que era el prestigio en su
propia casa.
Fue un
gol para la esperanza, sí, pero para la esperanza de mejorarlo todo para que
mañana no nos suceda lo mismo.



