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miércoles, 14 de enero de 2015

El tercero de Ronaldo

Por Lemay Padrón Oliveros


Debo confesar que mi convencimiento del triunfo de Cristiano Ronaldo en la gala del Balón de Oro-2014 sufrió serias averías en las horas anteriores a la entrega del premio.
Una buena cantidad de especialistas de prestigiosos medios de prensa, enigmáticas declaraciones de directivos de la FIFA y hasta entrevistas publicadas en la mismísima página de la entidad apuntaban hacia el arquero alemán Manuel Neuer.
Así minaron lo que para mí era una verdad de Perogrullo, tomando en cuenta la excepcional temporada del delantero portugués, adornada con títulos, entre ellos el más importante a nivel de clubes.
A los defensores de Neuer no les faltaban motivos para auparlo, porque fue un puntal en la coronación germana en el Mundial de Brasil-2014, pero eso, al menos en mi opinión, quedaba por debajo de lo conquistado por Cristiano Ronaldo. El Mundial tiene su Balón de Oro, y no hay por qué premiar de nuevo al mejor jugador del Mundial, si no tuvo un desempeño similar en los restantes 11 meses del año. Neuer no ganó el Balón de Oro del Mundial, pero ni siquiera fue escogido como el futbolista del año en Alemania, entonces cómo explicar que fuera seleccionado como el mejor del planeta.
El argentino Lionel Messi, el otro candidato, sigue siendo un genio, un futbolista casi imparable cundo está en forma, pero eso precisamente le faltó en esta campaña. Rendimientos muy altos se combinaron con otros bastante flojos, y por ahí le ganó la batalla el luso, con un pico de calidad casi perfecto, con excepción del Mundial, donde las lesiones mermaron sus actuaciones. De cualquier manera, incluso estando en forma hubiera sido muy difícil para él llegar a semifinales, por lo menos.
Como debe ser, al tomar el micrófono agradeció a su técnico y a sus compañeros de equipo, sin los cuales no hubiera podido levantar los trofeos que levantó, con todo y ser él el líder del Real Madrid. Ya tiene tres Balones, pero su ansia infinita de triunfos no le dejará satisfecho hasta que ser el máximo poseedor de estos galardones. A ver si Messi se lo permite.
Ah, eso síiiiii, le sobraron unos segundos en el podio de premiaciones.

martes, 15 de julio de 2014

Argentina, con la frente en alto

Por Lemay Padrón Oliveros

Ganó el mejor. No siempre ocurre, pero esta vez fue así. Triunfó quien mejor lo hizo a lo largo del Mundial de Brasil-2014, y al que las cosas le salieron mejor también en la final.
Argentina tuvo sus oportunidades de entrar en la historia, pero ni Gonzalo Higuaín ni Rodrigo Palacios superaron la barrera llamada Manuel Neuer, y hoy Alemania festeja su cuarta estrella, primera para un europeo en el Nuevo Mundo, en vez de Argentina su tercera.
 Era complicada la tarea para los pupilos de Alejandro Sabella, que llegaron al Mundial esperanzados con su poder de fuego y se marchan con la pólvora mojada; a la hora de la verdad fue lo más criticado, la defensa y el portero, lo que mejor se comportó en la tropa albiceleste, mientras que la línea de ataque nunca estuvo fina del todo y solamente mostró chispazos, incluido Lionel Messi, injusto ganador del Balón de Oro. Lo mereció hasta octavos de final, pero de ahí en adelante se diluyó y no hizo méritos como para opacar lo logrado en menos desafíos por el colombiano James Rodríguez, o la entrega sin límites de Bastian Sweinsteiger, para mí el otro justo merecedor del galardón.
 Pero Argentina no tiene motivos para lamentarse. Se plantó de tú por tú con una escuadra mucho más profunda que la superaba en casi todos los órdenes, y que además durante el Mundial no lamentó grandes ausencias.
 A esta generación teutona la frustraron solamente, una y otra vez desde 2006, Italia y España, por eso al irse ambos equipos en la fase de grupos deben haber respirado tranquilos. Fueron sin dudas el plantel más contundente de la justa del orbe, y por eso el gran mérito de los argentinos de llevarlos hasta el alargue y estar a pocos minutos de los penales, gozando incluso de más opciones claras de gol.
 Pero ya se sabe, los alemanes a la hora buena no fallan. Solamente tuvieron dos claras, una la estrellaron al poste, y la otra la fue a buscar Romero al fondo de las redes; las de Argentina ni siquiera pasaron entre los tres palos.
 Sin Di María la armada albiceleste dependería mucho más de Messi, y el genio tuvo solamente un par de jugadas de peligro, resueltas sin mucho sobresalto por la zaga teutona. En el resto del partido estuvo muy bien custodiado, como mismo le hicieron en Sudáfrica-2010 y en los más recientes duelos Bayern-Barcelona.
 El gran mérito de los suramericanos estuvo en la recuperación y la defensa, escudados en el muro llamado Javier Mascherano. Tres prórrogas en cuatro partidos de vida o muerte incidieron en que los subcampeones se quedaran sin piernas en las postrimerías, pero siguieron jugando con el orgullo y el corazón.
 Por eso, hoy toda Latinoamérica sale con la frente en alto gracias a Argentina.

sábado, 12 de julio de 2014

Añorado Messi (as)

Por Lemay Padrón Oliveros

Como nunca antes en esta Copa Mundial, para la final ante Alemania Argentina necesitará el máximo brillo posible de su principal estrella: Lionel Messi.
El cuatro veces ganador del Balón de Oro comenzó muy arriba en Brasil-2014, pero poco a poco se ha ido diluyendo, y si no saca la cabeza y tira de su magia este domingo, no veo muchas oportunidades para que la casaca albiceleste llegue a lo más alto.
Aunque se recupere Di María, no debe estar a su mejor nivel, como no lo está tampoco el Kun Agüero, y en todo el campeonato Higuaín ha dado solamente destellos de su olfato letal. Lavezzi ha hecho su trabajo y Palacios ha lucido también dentro de lo poco que ha jugado, pero en sentido general la delantera argentina, el arma más temible precompetencia, ha estado por debajo de lo esperado, muy por debajo.
Por eso la imperiosa necesidad de que Messi vuelva a ser decisivo y no se deje intimidar por un mediocampo que ya sabe lo que es apagarlo totalmente, como hicieron hace cuatro años, o más recientemente en el duelo Barcelona-Bayern Munich. Ese no puede ser el Messi que veamos el domingo, o la Copa volverá a ser un sueño.
Lo mejor que tiene Argentina de su lado es no ser favorito, llegar a la final ya fue un gran mérito para esta selección que no ha podido convencer a nadie, aunque no haya perdido ningún partido.
Hasta el momento no han enfrentado a una selección del calibre de la alemana, con muy pocas fisuras, enormidad de variantes ofensivas y sólida defensa, liderada por el portero Manuel Neuer, un grande ya en su posición. Con Suiza les bastó controlar a Shaqiri, con Bélgica a Hazard, y con Holanda a Robben, pero la maquinaria teutona tiene muchas más variantes.
No obstante, si el Real Madrid fue capaz de humillar al Bayern, que es casi decir Alemania, Argentina los puede derrotar. Será muy difícil evitar algún gol germano, como han hecho hasta ahora los albicelestes con sus rivales en la fase de vida o muerte, pero tienen que encontrar la manera de llegar al arco germano, como han hecho casi todos los equipos que han chocado con la armada bávara.
Si cae un gol tempranero probablemente todo se eche a perder, pero si se mantiene la igualdad podremos ver un buen partido para coronar este Mundial, que ha tenido de todo, solo falta para coronarlo que la Copa quede en Latinoamérica.

miércoles, 2 de julio de 2014

La casi venganza de los Zorros


Por Lemay Padrón Oliveros

El Mariscal Erwin Rommel debe haberse removido en su tumba este lunes cuando los tanques de sus Afrika Korps casi son torpedeados por los Zorros del Desierto argelinos en una desigual batalla desde casi todos los puntos de vista.
El asedio de la armada teutona fue constante, pero, cual guerra de guerrillas, de vez en cuando Argelia lanzaba balonazos buscando, y alcanzado, las espaldas de los muy altos pero lentos zagueros alemanes, y salvaba la retaguardia Manuel Neuer, reconvertido en último hombre y remache para apuntalar cualquier brecha saliendo a jugar con los pies.
Como era de esperar, el mayor dominio fue de quienes poseían mayor poder de fuego, pero las escaramuzas a veces deciden las grandes batallas, y con una mayor puntería de sus francotiradores, el ejército verde pudo haber salido airoso.
En las postrimerías el físico le jugó una mala pasada a las huestes africanas, que en esta reedición de la II Guerra Mundial cambió la arena por el pasto, y la permuta no les salió buena.
Motivación les sobraba a los norafricanos, por haber hecho historia ya y porque tenían una espina clavada desde hace más de tres décadas, cuando Alemania les vetó el paso a los octavos de final con un oprobioso acuerdo con Austria que puso punto final a los arreglos de partidos en las últimas fechas de grupo, porque de ahí en adelante se disputaron siempre a la misma hora, en todo tipo de competencias con este formato.
Lavar esa afrenta era el tatuaje que lucían en su frente los argelinos, guiados por un Feghouli al cual no le importó para nada salir al campo vendado por una herida sufrida en una batalla anterior.
Espoleados por todo lo que les ofrecía la historia, esta vez los africanos no necesitaron un Montgomery traído del norte industrial para sembrar la desconfianza en sus rivales, aunque no hayan completado la tarea.
De cualquier manera, el Porto Alegre de 2014 no fue como el África de 1941 para los tanques alemanes. Volvieron a ganar la batalla, pero sufrieron en demasía, y dejaron demasiadas dudas de cara a su próximo escollo, la más convincente Francia. A lo mejor los galos tienen que agradecerle a su excolonia el desgaste con que llegarán las hordas germánicas.