lunes, 9 de noviembre de 2015

Bienvenido Dayron Robles

Por Lemay Padrón Oliveros 

Cuando escribí hace unas semanas sobre la posibilidad de que la readmisión de los médicos se aplicara también en el deporte, no estaba pensando en Dayron Robles. Sabía que su deseo era seguir compitiendo por Cuba –jamás dijo otra cosa-, pero en realidad no pensaba en deportistas todavía en activo.
Por supuesto, eso no quita para nada que me haya encantado sobremanera su regreso, y ojalá a él se sumen otros que por diversas razones decidieron un día tomar otro camino.
Específicamente en el caso de Robles siempre me pareció un diferendo con matices personales, un asunto mal manejado mediáticamente, y en el que cada cual se sintió herido, y por eso en vez de tratar de entender al otro, plantó bandera y no quiso dar su brazo a torcer.
En toda sociedad el bien más preciado debe ser el capital humano, y por eso hay que tratar de entender a la persona que se encuentra insatisfecha, porque siempre detrás hay un motivo, o varios. El atleta es uno solo, pero el movimiento deportivo está lleno de personas de prestigio y moral, y cuando las cosas no funcionan con un interlocutor, es preferible cambiarlo. En un asunto como este, en el cual nunca estuvieron en juego los principios, se imponía un comportamiento mucho más abierto.
Por suerte, todo parece haber quedado atrás, y ojalá Dayron pueda concentrarse en lo suyo, que es volar sobre las vallas. Ya está dicho que no entra de cañón en el equipo Cuba, pero tal como está la actualidad de las vallas cubanas, no tengo dudas de que volverá a los grandes torneos.
En este momento lo más importante es que nada lo distraiga de su objetivo fundamental, que es correr, y por eso hasta nosotros, los medios de comunicación, deberíamos dejarlo tranquilo; ya habrá momentos más oportunos para acercarnos sin afectar su preparación.
Todavía nos puede dar muchas alegrías, pero aunque no cayeran medallas, estoy seguro de que para él representar a su país le da al cierre de cada jornada la tranquilidad que no podría proporcionarle ni siquiera la almohada más cara del mundo.