Parecería
cosa de juego, pero es verdad, el máximo taponero en la historia de la pelota
cubana jamás ha hecho un equipo Cuba. Más de 150 son ya los desafíos en los
cuales José Ángel García ha entrado con ventajas estrechas y ha sido capaz de
asegurar la victoria de su equipo, pero su efectividad en esta difícil misión
no ha sido vista por los encargados de escoger a los mejores peloteros del país
año tras año.
Los
staffs de pitcheo tienen dos estrellas, su as en la rotación abridora, cuando
más dos serpentineros cuando por excepción coinciden dos estelares, y su
cerrador, el resto queda por debajo en cuanto a caché.
Para esta
última tarea se necesitan básicamente nervios de acero, porque entras en el
momento crucial del encuentro, listo para enfrentarte a lo mejor que tenga en
la banca el equipo rival en aras de darle vuelta al resultado, y por ende es
muy importante también gozar de control.
En el caso
del Barbero de Guanajay, también lo acompaña la velocidad, un atributo del cual
no se desprenden los grandes taponeros, salvo muy contadas excepciones. Entre
ellas está precisamente el anterior recordista de Cuba, Euclides Rojas, para
quien la parsimonia sobre la lomita era su mejor arma en aras de desesperar a
sus rivales, antes de lanzarle sus endemoniadas curvas.
Sin
embargo, por lo general gozan de brazos capaces de enviar la esférica a más de 90 millas por hora, y
como su labor se reduce a una entrada, y cuando máximo a dos, echan el resto en
cada envío y lo que pasa sobre el plato es puro fuego.
Volviendo
a José Ángel, es mucho más meritorio el hecho de que sus números los ha logrado
con planteles que no están entre los grandes ganadores de la pelota cubana. El
Habana que él vio coronarse en 2009 fue un equipo mediocre cuando él dio sus
primeros pasos, allá por 1998, cuando lo pusieron a abrir par de veces antes de
darse cuenta de que era un cerrador nato.
Poco a
poco los Vaqueros fueron mejorando su balance, pero muchas de esas victorias
pasaron por las manos de José Ángel, uno de los artífices de la conversión del
plantel en un contendiente a tomar en cuenta para el título. Dividieron La Habana y él comenzó su
labor con Artemisa, de nuevo sotanero, pero siguió sumando salvados a pesar de
todo, y según parece, lo seguirá haciendo aunque en la Comisión Nacional
lo miren de soslayo y pretendan estigmatizarlo como el taponero invisible.
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