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viernes, 7 de junio de 2013

El maleficio de Entenza

Por Lemay Padrón Oliveros 

Lanzó como los dioses. Tenía a alguna divinidad cerca para que guiara cada uno de sus lanzamientos durante tres salidas de la postemporada. Pero ni así pudo el cienfueguero Noelvis Entenza marcar en el casillero de victorias.
Sencillamente, como ocurría en la Iliada, detrás de su contrario, Freddy Asiel Alvarez, también había alguna deidad moviendo los hilos, y al final logró imponerse las tres veces.
Como él mismo dijo tras el encuentro, de nada vale lanzar una joya si el equipo no gana, pero cuando piense las cosas más en calma se dará cuenta de que ha sido el lanzador cienfueguero más efectivo en las dos últimas postemporadas, aunque los suyos no hayan podido imponerse.
¿Qué sucede? Pues que sin batear no se puede ganar. El mentor Iday Abréu hizo de todo para pisar el plato, hasta squeeze plays suicidas, pero nada fue suficiente. Un plantel con tanta dinamita en sus muñecas no pudo sacarle provecho, y sus dos cuadrangulares fueron sin hombres en base.
Tantos corredores dejados en base tenían que pasarle factura, y ante un equipo que no deja muchos resquicios como Villa Clara, puede ser mortal.
Para mí sí estuvieron bien las decisiones de Abréu en aras de buscar más dividendos. En especial la más polémica, la del corrido y bateo con William Luis. Es un bateador que no acostumbra a tocar, y por eso hubiera preferido intentar el bateo y corrido. Salió mal, pero sigo pensando que se pensó bien.
Cienfuegos es un equipo muy bueno, pero para llegar a ser Grande todavía le falta, y no será con refuerzos que lo logre. Varios de los mejores talentos del país en los últimos años han salido de sus filas, y aunque no todos siguen ahí, tienen lo suficiente como para pensar en grande gracias a los Pito, Arruebarruena, Quesada, Entenza, Jorge Hernández y Moncada
La verdad, no han tenido suerte en los pareos, porque les han tocado siempre novenas grandes como Pinar, Industriales y Villa Clara, pero a la larga para llegar a la elite, hay que ganarle a la elite. Para llegar al cetro, Ciego debió zafarse del predominio naranja. Cuando los Elefantes logren algo así, entonces nadie podrá parar su estampida.

jueves, 6 de junio de 2013

Play offs: emociones en su justa medida

Por Lemay Padrón Oliveros

No estoy descubriendo el agua tibia ni mucho menos: en la postemporada la adrenalina sube a límites insospechados, y todos, desde el más parsimonioso aficionado hasta el más exacerbado pelotero viven cada partido con intensa emoción, y es frecuente sentir en carne propia cada jit, out o quieto.
Se trata del momento crucial en que se puede echar por tierra la labor de todo un año, desde la conformación del equipo hasta el desenlace final, y por eso es difícil controlar las emociones cuando alguien considera haber sido víctima de una injusticia.
Por eso, aunque algunos pueden considerarlo injusto, quienes no están involucrados directamente en cada jugada tienen que esforzarse al máximo para no equivocarse. Todos los seres humanos erramos, pero quienes no llevamos el uniforme no podemos decidir partidos.
La subserie Villa Clara-Cienfuegos quedará en el recuerdo no solamente por las altas dosis de coraje y entrega por ambas novenas, sino también por los yerros mayúsculos de los árbitros. Obviando los conteos, tan variopintos casi como los mismos lanzamientos (ya ni siquiera como cada imparcial), la jugada en primera en el cuarto juego, y la de tercera en el quinto desafío, merecieron airadas protestas de cada cuerpo de dirección.
Que Ramón Moré no reaccionara violentamente en el primer caso como lo hace ante los periodistas sigue siendo un enigma para quien escribe; quizás no la vio, o simplemente no quiso buscarse un problema, no sé. Lo cierto es que si hubiese protestado como la lógica lo indica, motivos tenía, como los tenía también Iday Abréu.
Para nada justifico la violencia, esa merece todo el rechazo posible, pero si te corre sangre por las venas al menos puedes ponerte por un momento en la piel del protagonista y reconocer que la reacción es humana.
Estamos acostumbrados a castigar la reacción y no la causa, y a veces esta última era más evitable que la segunda. Por suerte esta vez, para beneficio del espectáculo, el mayor castigo fue para quien provocó el lamentable incidente y no para quien lo protagonizó, por demás un manager de conducta intachable hasta donde sé. 
A esta historia todavía le quedan bastantes partidos por delante, ojalá el incidente sirva para que nos llamemos TODOS a capítulo y seamos “un tilín mejores”.