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lunes, 22 de abril de 2013

Melissa Vargas, un talento en ciernes del voleibol cubano

Por  Lemay Padrón Oliveros

Quienes apreciaron la labor del conjunto femenino cubano de voleibol sub-17 que intentó en La Habana lograr la clasificación para el Mundial de la categoría, seguramente repararon en Melissa Vargas, la atacadora opuesta que con solamente 13 años era regular en la escuadra.
 Sus potentes remates asombraron a más de uno, asombrados todos con este portento de 1.86 metros de estatura. Fuera del rectángulo esta chica, en la cual se avizora una auténtica Morena del Caribe, no tiene nada que ver con la agresividad de su función, y más bien se muestra tímida y de pocas palabras.
Gracias a Antonio, su padre, pudimos conocer más detalles de esta estudiante de octavo grado en la Escuela Nacional de Gimnasia, y que practica el deporte de la malla alta desde los siete años. Su inclinación por la actividad física le viene en los genes, pues su progenitor practicó softbol, balonmano y baloncesto, y en esta última disciplina llegó a integrar la nómina de los célebres Lobos de Villa Clara, su provincia natal.
El amor lo llevó a Cienfuegos, y allí nació Melissa, a quien captó para el voleibol el entrenador Gilberto Aponte cuando cursaba el tercer grado.
Siempre le gustó el deporte, y ya con 11 años integraba la preselección nacional de 13-15, porque en el nacional de la categoría ganó los premios individuales más importantes, indica Antonio.
“La captaron como pasadora, pero luego se dieron cuenta de que su verdadera posición es la de opuesto. El año pasado participó en un torneo en Perú con la sub-20, y tenía solamente 12 años. El colectivo de entrenadores dice que tiene muchas condiciones.”
Y vaya si tiene condiciones. Aunque Cuba no alcanzó el objetivo de clasificarse al Mundial de República Checa, Melissa estuvo muy bien, y terminó como la mejor atacadora del premundial, única cubana incluida en el Todos Estrellas del certamen.
Seguramente tardaremos poco en ver a esta muchacha en la escuadra mayor de Cuba, y aunque parezca arriesgado, me hace recordar a Magalys Carvajal y Regla Torres, dos Espectaculares Morenas que entraron bien jovencitas al principal equipo de Cuba.

jueves, 29 de marzo de 2012

Eugenio George, padre fundador del voleibol cubano

Por Lemay Padrón Oliveros

Considerado el padre del voleibol en Cuba, sobre todo en la rama femenina, el guantanamero Eugenio George Laffita tiene uno de los mejores palmarés de entrenador alguno en todo el planeta, tomando en cuenta todos los deportes, y todavía hoy brinda sus valiosos conocimientos en la Escuela Cubana de Voleibol.
Nació en Baracoa el 29 de marzo de 1933 y tomó parte en un campeonato nacional por primera vez en 1949, luego que su familia se mudara para La Habana.
El entrenador Tito del Cueto le había visto condiciones mientras practicaba en el Centro Deportivo Rafael Conte y lo llamó para que jugara en su escuadra juvenil.
A nivel internacional compitió en los Juegos Panamericanos de México-1955 y Chicago-1959, así como en el Mundial de 1956 y los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Jamaica-1962, su última competencia oficial.
Aunque tenía una aceptable estatura para la época, (1.81 metros), su complexión nunca fue fuerte, pues apenas rebasaba las 150 libras de peso, algo impensable en el voleibol moderno.
Se graduó de licenciado en deportes en 1974, pero ya hacía tiempo que comandaba los destinos del deporte de la malla alta al máximo nivel.
Como entrenador debutó al frente de los equipos masculinos juveniles en la década del 60, y en 1969 se hizo cargo del equipo femenino de mayores, donde comenzó a tejer la leyenda de las Espectaculares Morenas del Caribe, que bajo su tutela conquistaron tres títulos olímpicos, y otros tantos en Campeonatos mundiales y Copas del Mundo.
Además, sus pupilas archivan en sus vitrinas dos primeros puestos en torneos Grand Prix, varios cetros panamericanos y centroamericanos, todo lo cual fue más que decisivo para que la Federación Internacional de Voleibol (FIVB) lo eligiera como el entrenador del siglo XX.
Fue en la cita continental de 1967 cuando los estrategas de la Isla comenzaron a pensar en grande, pues por primera vez se lograba compartir el primer puesto, ya que Cuba había derrotado a Brasil, Brasil a Estados Unidos y Estados Unidos a Cuba. En definitiva las medallas de ese certamen se otorgaron por diferencia de sets y los cubanos pudieron asistir a los Juegos Olímpicos de México-1968, hecho que aceleró el asalto del voleibol cubano a la elite mundial.
Posteriormente Eugenio es designado al frente de la escuadra femenina y tuvo que empezar todo de nuevo. Seguro él no lo sabía en ese momento, pero a partir de entonces comenzaría a hacerse célebre de verdad.
Fue en el Mundial de Sofía-1970, y el avezado técnico decidió apostar por las figuras jóvenes con más talento y no las que mejor jugaban en ese preciso instante. Esa visión de futuro le permitió foguear a las muchachas que tenían reales posibilidades de llegar al nivel mundial.
El certamen fue aprovechado para seguir a todos los equipos rivales, y con los elementos reunidos confeccionar un plan de trabajo que a largo plazo contemplaba discutir las medallas en los Juegos Olímpicos de Moscú-1980.
Pero la realidad superó todas las expectativas, pues ya en el Mundial de 1974 las cubanas se ubicaban en el cuarteto de vanguardia, y en el de 1978 las Morenas del Caribe llevaban a sus vitrinas el primer cetro del orbe.
Después habría un impasse, provocado por el altísimo nivel que alcanzó la selección de la entonces Unión Soviética y las chinas capitaneadas por Lang Ping, pero las Morenas de Caribe volvieron a los planos estelares tras conquistar las medallas de oro en la Copa del Mundo de 1989, preámbulo de lo que vendría luego con los títulos en los Mundiales de Brasil-1994 y Japón-1998, los Olímpicos de Barcelona-1992, Atlanta-1996 y Sydney-2000, las Copas del Mundo de 1989, 1991 y 1995 y los Grand Prix de 1993 y el 2000, por sólo mencionar los primeros puestos.
Siempre se enfatizó en la preparación física, además de desarrollar habilidades técnicas y el pensamiento táctico. En esa tarea Eugenio tenía participación fundamental, pues diariamente estaba alrededor de siete horas en el entrenamiento diario.
Desde el 2001, ya por su avanzada edad, al padre del voli cubano lo sustituyen en esa tarea mentores más jóvenes, mientras él aparecía como asesor, cuando en realidad era el hombre que tomaba las decisiones más importantes y al que más respeto le tenían las voleibolistas. Actualmente es el presidente de la Federación cubana de la disciplina.
A sus instancias se creó el actual grupo de trabajo, que comprende al grupo principal de 24 atletas y un grupo secundario formado fundamentalmente por las chicas de la selección sub-20.
Otro grupo se conforma con las de edad cadete (sub-17) y un cuarto grupo de trabajo se establece con muchachas de entre 12 y 13 años escogidas por sus aptitudes para la disciplina de la malla alta.
La edad promedio del grupo elite es de alrededor de 22 años, pero de vez en cuando se suman muchachas de 14 o 15 que son muy talentosas, como ocurrió con los casos de Magaly Carvajal, Regla Torres y más recientemente Nancy Carrillo y Giselle de la Caridad Silva.
Este intercambio permite que las jugadoras noveles aprendan no solo de los entrenadores, sino también de sus compañeras de equipo, que acumulan decenas de partidos internacionales y les pueden guiar por los entretelones del deporte.
Esa es esencialmente una contribución de la Escuela Cubana de Voleibol, que ha mostrado excelentes dividendos, pues las jóvenes asimilan mucho más y mejores conocimientos.
En un principio los entrenadores de todo el mundo se alarmaron con tal procedimiento, pero luego comenzaron a imitar los métodos de Eugenio.
No hay dudas de que el voleibol cubano es otro desde que este modesto hombre fue designado al frente de la escuadra nacional femenina…quizás a regañadientes.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Mireya Luis: Con resortes en los pies

Por Lemay Padrón Oliveros

Considerada por especialistas y aficionados como la mejor voleibolista que ha tenido Cuba en la historia de este deporte, Mireya Luis debutó muy joven en eventos internacionales, a la edad de 15 años, en los Juegos Panamericanos de Caracas, Venezuela, en el año 1983.
Al inicio de su carrera deportiva, sus entrenadores no le tenían confianza por su baja estatura, no acorde con las exigencias de esta disciplina.
Sin embargo, con sus 1.75 metros de altura era capaz de saltar hasta 3.35 en el ataque y 3.16 en el bloqueo, todo un fenómeno, por lo cual algunos decían en broma que tenía resortes en los pies.
A pesar de los criterios en contra, el entrenador principal de Cuba, Eugenio George, le dio la oportunidad de jugar regular, y jamás pudo prescindir de ella.
Fue por mucho tiempo la capitana de la selección nacional de Cuba, con la cual adquirió una fama y un prestigio mundial muy bien ganado en sus 18 años con el traje tricolor.
Mireya es una de esas jugadoras que, como la china Lang Ping, tuvo el don de la potencia física.
Ambas podían saltar por encima de todas las demás en sus respectivas épocas, pero la cubana lo hacía de manera espectacular, hasta el punto que uno se llegaba a preguntar si para alguna bloqueadora de este planeta era físicamente posible detenerla.
Como si fuese una pantera, lograba elevarse y con sus largas extremidades sobresalir con medio cuerpo por encima de la net, pero no sólo eso, también podía quedarse ahí toda una eternidad, hasta que la pelota llegara y ella estuviera segura de dónde colocarla.
Por eso, a pesar de que casi siempre atacaba por el mismo lugar (zona 4), era indetenible.
No importaba cuán alto llevaran el balón las pasadoras, incluso si se perdía de las pantallas de los televisores, había la total seguridad de que bajaría a velocidad supersónica, con la fuerza que le imprimía la morena camagüeyana.
En 1986 se convirtió en madre de Idanaysi y menos de tres semanas después del parto jugó en el Campeonato Mundial en Praga, donde su equipo quedó segundo.
Por solidaridad con el pueblo de Corea del Norte, Cuba no asistió a los Juegos Olímpicos de Seúl-1988, pero un año después, Mireya guió al equipo al título en la Copa del Mundo.
No obstante, en 1990 quedó fuera del podio en el Campeonato Mundial, quizás porque se preparaba un cambio generacional: comenzaban a incorporarse las jugadoras que ganaron plata en el Mundial juvenil de 1989, Magalys Carvajal y Regla Bell.
De ahí en adelante, fue Cuba el país dominante en el deporte de la malla alta para mujeres. En Barcelona-1992 estuvieron imparables, y la camagüeyana fue un verdadero ejemplo de virtuosismo atlético y poder.
En el Mundial de 1994 la actuación fue impecable, el equipo no perdió un solo set, ni siquiera en la final ante las anfitrionas brasileñas, que desde entonces las odiaron a muerte.
En el tercer set el árbitro principal debió llamar a las capitanas (Mireya y Ana Flavia), para que el partido no se le fuera de las manos.
Cuando un año después Cuba no ganó el Grand Prix, muchos dijeron que fue porque Mireya no participó en la fase final, y eso se ratificó cuando sus ataques fueron vitales en la consecución del cetro de la Copa Mundial de 1995.
Se venía la cita estival de Atlanta-1996 y la capitana de la selección cubana estaba lista para arrollar.
Sin embargo, dos derrotas en las eliminatorias, ante Rusia y Brasil, llenaron de dudas a la afición cubana, que siempre confió en las ya apodadas Espectaculares Morenas del Caribe.
Llegaron los cuartos de finales y la moral subió muchísimo al llevar al pizarrón un increíble 15-1 en el primer set ante las locales estadounidenses…era el comienzo de la redención.
En ese partido el ambiente estuvo caliente, pero nunca como lo que vendría después…ante Brasil. El clima tenso del encuentro fue tan hostil que era incluso doloroso verlo en las pantallas.
Los remates de Mireya eran más potentes que nunca, y algunas jugadoras brasileñas hubieran tenido que ir al quirófano si sus reflejos no las hubieran llevado a colocar las manos delante de sus rostros ante cada rematazo de la pequeña morena.
La final contra China era casi un paseo y el 3-1 final lo reflejó. La batalla caribeño-suramericana se reanudó en el siguiente Grand Prix, pero esta vez hubo expulsiones de ambos bandos para evitar males mayores.
La selección antillana tuvo un bajón de unos meses, pero en el Mundial de 1998 volvió por sus fueros.
Mireya abrió como regular, pero luego fue reservada y sólo se le llamó cuando las cosas estaban candentes, justo lo necesario para que explotara su mejor cualidad, la agresividad sobre el Taraflex.
Dos años después, aunque no aportó en el terreno, también fue inspiradora su presencia en el equipo que ganó la tercera medalla de oro consecutiva en Juegos Olímpicos, en Sydney-2000.

ADIÓS Y PRESENTE

Se retiró de deporte activo en la Gala de los 100 Atletas del Siglo en Cuba, selección popular en la cual alcanzó un altísimo número de votos.
Sin dudas, Mireya fue la jugadora más potente, decisiva y espectacular de los 90, fue la líder emocional de su conjunto, toda una autoridad a la hora de decidir cómo y dónde poner el balón del lado contrario.
En un reciente encuentro con la prensa, la exjugadora valoró la actualidad del combinado femenino cubano, que sufrió un bajón de rendimiento en esta última decada.
Confió en la calidad de las nuevas muchachas, pues considera que el relevo en Cuba siempre ha estado garantizado, aunque criticó que de momento varias figuras del equipo titular decidieran dar un paso al costado, ya fuera por retiro, maternidad o cualquier otra razón personal:
Cuando Eugenio (George) era el entrenador uno no podía ni siquiera tener novio sin antes decírselo. Se planificaba todo: boda, embarazo y retiro, y si en algún momento no era conveniente por la cercanía de algún torneo simplemente él te decía: No te puedes casar ahora, por ejemplo, explica.
Por supuesto, la mejor voleibolista del mundo en su tiempo sabe que la vida actual no es como la de hace 10 años, pero pondera sobre todo el valor de la disciplina, que junto a la entrega en el terreno y la preparación son las condiciones para hacer brillar el talento en todo su esplendor.
Quienes están hoy al frente del colectivo en diferentes funciones estuvieron junto a los de épocas anteriores, así que saben lo que están haciendo, concluyó de modo optimista.